Pérez-Reverte se declara “un lector que escribe libros”

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Es una suerte tener a un tipo sin pelos en la lengua como Arturo Pérez-Reverte, de convicciones morales sólidas, pero que no rinde vasallaje a lo políticamente correcto. Un contador de historias militante que en las entrevistas exhibe el mismo discurso enérgico que en sus artículos y en sus narraciones, y que, todo sea dicho, conoce bien la salsa que aporta un taco oportunamente lanzado.

Pérez-Reverte goza de un status especial, habita en el limbo de ser a la vez un autor multivendido y contar con cierto beneplácito de la crítica. Se percibe también algo de Alatistre en él, tal vez un aura de hombre de acción íntegro en un mundo en disolución. Esa imagen de tipo castizo y cáustico que ha cultivado le sirve para soltar verdades como puños escudándose en su propio personaje.

Pues bien, todo este panegírico viene a cuento de una entrevista con el escritor cartagenero que encontré ayer en la página web de la publicación salvadoreña La Prensa Gráfica, y que descubro hoy, en versión extendida, en la página web del autor. Parece ser que la publicó El País el 30 de septiembre. El motivo de la entrevista es el lanzamiento de una colección específica dedicada a Pérez-Reverte por Punto de Lectura. Un buen momento para hacer retrospectiva.

De sus declaraciones me quedo con varias cosas. Primero, el espíritu combativo con el que escribió El Club Dumas: “(…) surge en un momento en que en España había que escribir como William Faulkner, y todo lo que era contar historias estaba mal visto. Entonces el libro surge como un desafío, en un tiempo en que no se hablaba de clubes ni de nada de esto; fui un pionero. Fue una apuesta, y es el libro más agresivo que he hecho en plan desafío a lo que se estilaba en ese momento. Una declaración de principios. Estaba más solo que la una. Es un libro con una estructura complejísima, con guiños a la literatura del siglo XIX, de donde saqué las herramientas. Es la novela de la que más he disfrutado. Pero sobre todo fue una patada en los cojones a los que tenían secuestrada la literatura en ese momento”.

Segundo, la importancia que da a la estructura de las novelas, y a que no se vea: “Pero me hubiera parecido de una pedantería total que se manifestara esa complejidad (sobre La Reina del Sur). Me descojono cuando leo una novela en la que se dice que el escritor ha hecho un alarde estructural… Digo, pero, vamos a ver, ¿está diciendo lo listo que es? No hay que enseñar la carpintería. Yo una vez que he hecho la casa quito el andamio, retiro la estructura”. No está precisamente a favor de la exhibiciones sin sentido: “El novelista, si tiene talento, ha de ocultarlo. Y justamente el error del novelista es cuando no lo oculta”.

En tercer lugar, me parece destacable que ligue la lectura tanto a su labor creativa: “Soy un lector que escribe libros. Si yo fuese sólo un escritor estaría muerto. Sería un crítico”.

Y podría seguir entresacando detalles interesantes, pero lo mejor es que quien sienta curiosidad lea la entrevista completa aquí.


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