Para John Green la película “Ciudades de Papel” ha mejorado su libro

 Para John Green la película "Ciudades de Papel" ha mejorado su libro

Estamos acostumbrados a pensar que las películas o las series basadas en libros son peores. Sin embargo, no es la primera vez que un autor de éxito defiende que la adaptación a la pantalla de su libro le satisface. Ya lo hizo George R. R. Martin con Canción de Hielo y Fuego, admitiendo que los recursos cinematográficos ty la realidad de la pantalla son diferentes, defendiendo así a los guionistas que habían cambiado aspectos importantes de la historia al realizar la serie Juego de tronos. John Green va más allá y sostiene que la película Ciudades de papel ha mejorado el libro.

“Hubo muchas veces cuando estaba viendo la película en las que pensé ‘tenía que haber puesto eso en el libro’, más que pensar que en la película faltaba algo de la novela”, explica Green en una entrevista con motivo del estreno de la película.

Ciudades de papel, publicada en 2008, es una historia sobre la adolescencia y las primeras veces, que es el universo en el que se mueve el escritor. Cuenta la fijación de Quentin (interpretado por Natt Wolf en la película), en su último año de instituto, por su vecina Margo (intrepretada por Cara Delevigne), una joven que, sin pretenderlo, le marcará la vida.

“Me gusta escribir sobre adolescentes porque hacen tantas cosas importantes por primera vez, se enamoran por primera vez, intentan averiguar cómo son otras personas”, resalta Green. “Cuando yo era un niño pequeño, no creía realmente que las otras personas lo eran de la misma forma que yo, estaba tan obsesionado con mi propia complejidad e intentando entenderme a mí mismo que realmente que no tenía la energía mental de imaginar otras personas”, precisa.

 

La película muestra con mucho realismo y normalidad, aunque con alguna licencia poética, la vida de unos jóvenes en una ciudad cualquiera de Estados Unidos en una especie de radiografía de una época complicada por la que todos pasamos pero que Green parece recordar con exactitud.

“No sé nada de la cultura, música o lengua que usan ahora los adolescentes, pero tampoco sabía nada de ello cuando tenía 16 años, todo lo que puedo hacer es tratar de contar ese camino emocional y esperar que sea algo razonable para mis lectores”, asegura Green.


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