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mineros IV Concurso de Microrrelatos Mineros 

Me entero hoy de que está en marcha la cuarta edición del Concurso de Microrrelatos Mineros “Manuel Nevado Madrid”, convocado por la Fundación Juan Muñiz Zapico. Sólo faltan 16 días para que se cierre la recogida de originales y tal vez sea ya un poco tarde, pero un concurso con un tema tan sugerente como el de la minería merece ser reseñado. Después de todo, puede que algún lector de pluma fácil me lo agradezca.

Se trata de un certamen abierto a autores de cualquier nacionalidad, siempre que presenten obras inéditas y escritas en castellano o en asturiano. La extensión del texto no ha de exceder las 40 líneas y el contenido ha de relacionarse de alguna manera con la minería. Los premios: 1000 € (650 en metálico) para el ganador, un accésit de 600 € (300 en metálico) para los relatos presentados en asturiano y otros dos de 300 € (150 en metálico) para cuentos basados en hechos reales y cuentos escritos por menores de 26 años. No está mal. En ediciones anteriores además se publicaron los relatos ganadores y los relatos seleccionados.

Aquel a quien le interese puede consultar las bases completas en la página web de la fundación, y leer allí también los cuentos que vencieron en las otras convocatorias. La calidad literaria del concurso es bastante alta.

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Categoría: Concursos y Premios
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libro abierto Entregados los Premios 2007 a los Libros Mejor Editados 

Ayer el ministro de cultura, Cesar Antonio Molina, entregó en la Feria Internacional del Libro de Barcelona los premios a los libros mejor editados del último año. Es un galardón que no cuenta con dotación económica, pero de prestigio entre los editores. Consta de cinco categorías: “Libros de Arte”, “Libros de Bibliofilia”, “Libros facsímiles”, “Libros infantiles y juveniles” y “Obras generales y de divulgación”. Y los tres primeros puestos en cada categoría han sido los siguientes:

- Libros de Arte:
1º) Kanchana Arni y Gita Wolf, Animalario, Factoría K de Libros.
2º) Ricard Mas Peinado, La pintura española : nuevas tendencias, Carroggio S.A. de Ediciones.
3º) España y Bolonia : siete siglos de relaciones artísticas y culturales, Centro de Estudios Europa Hispánica, en colaboración con Fundación Carolina y Fernando Vilaverde Ediciones.

- Libros de Bibliofilia:
1º) María Teresa León, Cervantes, el soldado que nos enseñó a hablar, Liber Ediciones.
2º) Luis Alberto de Cuenca, Mundo, demonio y carne, Liber Ediciones.
3º) William Shakespeare, Romeo y Julieta, Summa Editorial.

- Libros facsímiles:
1º) Beato Emilianense de la Biblioteca Nacional. Códice Vit. 14-1, Siloé Arte y Bibliofilia.
2º) Johannes Jonstonus, Historiae Naturalis de Exanguibus Aquaticis et Serpentibus, Siloé Arte y Bibliofilia.
3º) Documentos de la monarquía leonesa de Alfonso III a Alfonso VIII, Centro de Estudios e Investigación San Isidoro, en claboración con Caja España, Obispado de León, Fundación Monteleón y Testimonio Editorial.

- Libros infantiles y juveniles:
1º) Svjetlan Junakovi, Gran libro de los retratos de los animales, Editora OQO.
2º) Érase veintiuna veces Caperucita Roja, Media Vaca.
3º) Manuel Janeiro, Pucho o habitador dos tellados, Kalandraka Editora.

- Obras generales y de divulgación:
1º) Jonathan Swift, Viajes de Gulliver, Círculo de Lectores y Galaxia Gutenberg.
2º) Antonio J. Durán, Vida de los números, T Ediciones.
3º) Omar Jayyam, Rubayat, Alianza Editorial.

Algunos de estos libros son joyas de papel tanto por su calidad como por su precio, otros son relativamente asequibles. Así a todo, a mí, aunque algún bibliófilo me tache de hereje por decir esto, me parecería interesante que en los próximos años se creara una categoría para ediciones de bolsillo. Gran parte de las ventas se producen en ese formato y, por otro lado, tiene más mérito diseñar un buen producto cuando las limitaciones de presupuesto son grandes. 

- Fuentes: servicio de noticias de Yahoo! y Ministerio de Cultura.

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sello templario La última carga de los templarios

Los del Vaticano son unos genios de la mercadotecnia, eso es lo primero que piensa uno al enterarse de que van a publicar las actas del juicio contra la Orden del Temple justo por estas fechas, cuando se cumplen siete siglos del inicio de las intrigas que llevaron a su caída.

El 14 de septiembre de 1307, con el apoyo del papa Clemente V, Felipe el Hermoso, ávido de riqueza, ordena la detención de los Caballeros del Templo. Se habían vuelto demasiado poderosos. El 14 de octubre de ese mismo año, la operación se lleva a cabo de forma coordinada en toda Francia y comienza un largo proceso judicial. El 22 de marzo de 1312 es decretada la disolución de la orden. Finalmente, el 18 de marzo de 1314 su gran maestre, Jacques de Molay, se niega a declarase culpable y lo paga con la hoguera. A partir de ahí la leyenda, su recreación literaria y, últimamente, su explotación subliteraria.

Los templarios adquieren carta de naturaleza como tema literario durante el siglo XIX, cuando los románticos vuelven su mirada hacia la Edad Media. Nosotros tenemos dos ejemplos paradigmáticos: primero El señor de Bembibre, de Enrique Gil y Carrasco, y más tarde “El monte de las ánimas”, con sus templarios fantasma, de Bécquer. En la concepción romántica, el artista era un ser especial y por ello mismo incomprendido y marginado por la sociedad, así es normal que se sintiesen identificados con los perseguidos caballeros de la Orden del Temple.

Sobra decir que dentro de la actual moda por lo esotérico, el tema templario constituye el Santo Grial de las novelas sobre misterios históricos. Sólo hace falta echar un vistazo a las librerías o al registro del ISBN para comprobar el ingente número de obras de ficción que se publican sobre el asunto. Por no hablar de los estudios históricos y pseudo-históricos.

Tal desborde imaginativo en torno los templarios resulta comprensible. A fin de cuentas, eran una organización religiosa muy cerrada, formada por sacerdotes-soldado que en Palestina entraron en contacto con el misticismo musulmán y, finalmente, cayeron víctimas de una conspiración, bajo acusaciones de herejía que, en parte, tal vez fueran ciertas. No es extraño que se hayan convertido en la orden de monjes guerreros más famosa de la Historia.

Ahora el Vaticano se sube también al carro publicando los documentos del juicio, que llevaban siglos criando polvo en su archivo secreto. Será una edición facsimilar limitada a tan sólo 799 ejemplares. De momento.

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Categoría: Noticias
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la piel fria 2 En compañía de monstruos pandora en el congo 2 En compañía de monstruos

Aunque a estas alturas sea ya un tópico (tanto autores de solapas como parte de los críticos coincidieron), no está de más repetir que en las novelas de Albert Sánchez Piñol se unen narrativa de aventuras y preocupaciones elevadas, afirmación que he visto a veces aplicada a obras de autores tan cultos como soporíferos que con una excusa histórica intentaban hacer pasar por caja a los clientes lectores. Pero en este caso la afirmación es completamente cierta y justa, las dos novelas que ha escrito por el momento este catalán se leen en cinemascope y con el corazón, la cabeza y el alma en un puño.

Albert Sánchez Piñol parece un novelista de otro tiempo, de una época lejana en la cual los escritores no tenían que escoger entre hacer literatura de género o hacer “literatura seria”, cuando un autor no recibía miradas condescendientes por introducir un monstruo en sus narraciones y lo primero que se le pedía a una novela era que la historia enganchase al lector.

Tanto en La piel fría como en Pandora en el Congo el lector queda cautivo desde las primeras páginas. Es mejor no desvelar su argumento, a quien no las haya leído sólo le contaré que en la primera un activista irlandés desencantado se autoexilia como oficial meteorológico a una solitaria isla del sur del Atlántico, la cual resultará asediada por criaturas marinas antropomorfas. En la segunda, una expedición explotadora se enfrenta en el Congo a una especie humanoide, avanzada y cruel, proveniente del subsuelo. La acción se ambienta en los dos casos durante la primera parte del siglo XX.

En ambas novelas juega un papel importante el monstruo, elemento temático muy sugerente, no en vano los monstruos han sido siempre reflejo de nuestros miedos, de nuestros deseos o de nuestros comportamientos más oscuros. La piel fría invita a reflexionar sobre la actitud del ser humano ante el enemigo. Pandora en el Congo pone al colonizador frente a la horma de su zapato, pero es una novela de estructura más compleja que la primera: un testigo cuenta su aventura a un novelista principiante, quien años después nos la relata a nosotros, y la peripecia de este último ocupa tanto espacio como la principal. Con este nuevo nivel aparecen cuestiones metaficcionales, como hasta qué punto el receptor de una historia participa en su creación o si en una narración tiene más importancia lo que se cuenta o cómo se cuenta.

Las dos novelas son ampliamente recomendables para todo aquel que busque libros con los que disfrutar leyendo, eso sí, me parece mejor leerlas en el orden que fueron escritas, primero La piel fría y después Pandora en el Congo.

Albert Sánchez Piñol es antropólogo africanista, antes de su primera novela había publicado un libro de cuentos (sin traducción al castellano), y un ensayo sobre dictadores africanos. Este verano tuve la suerte de asistir a una charla suya y resultó ser un auténtico animal escénico. Apoyándose en fragmentos de Omega Man y The Queen, intentó demostrar, con mucha gracia, que la estructura narrativa es independiente del género. Sospecho que nos convenció a todos.

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Categoría: Novela
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tetuan Una visión inolvidable de la Guerra del Rif 

Leemos hoy el título de la primera novela de José Díaz-Fernández, El blocao (1928), y no lo entendemos. Blocao. El término casi se ha extinguido, como una llama a la que se le acaba el oxígeno. En los años 20 era, sin embargo, de uso común en los periódicos, junto a palabras más exóticas, como “cabila”, “jarca” o “mía”. En aquel tiempo no necesitaban explicación, pero ahora ya hemos olvidado su significado, igual que olvidamos la guerra que las convirtió en moneda de intercambio cotidiano.

Nuestra guerra colonial fue tan cruenta e injusta como cualquier otra, probablemente más absurda y pueril que ninguna. ¿Dónde quedaba ya la supuesta gloria nacional? ¿Qué sentido tenía intentar dominar un territorio hostil de escasa riqueza? La imprevisión y los movimientos tácticos imprudentes provocaron auténticas masacres. A pesar de los desastres, infectados por el virus de la demagogia patriótica, los generales y algunos políticos perseveraban tercamente, sin escuchar a una opinión pública cada vez más horrorizada. Era la sangre de los que no podían pagar la exención la que regaba la tierra seca, sus cadáveres los se pudrían al sol del Rif. Miles de hijos de campesinos y obreros no regresarían nunca.

José Díaz-Fernández estuvo en Tetuán, la ciudad indolente con los pies bañados por un charco de sangre, en los campamentos y en las estériles fortificaciones de Beni Arós, rumiando segundos con sabor a quinina y cloroformo. Periodista antes y después de ser llamado a filas e intelectual comprometido, como novelista supo unir técnicas narrativas vanguardistas con preocupaciones sociales. La grandeza de El blocao aparece porque técnica e ideología se subordinan a lo humano:

“Resultó un libro antibélico y civil, y me congratulo de ello, porque soy pacifista por convicción política, y adversario, por tanto, de todo régimen castrense. Pero al escribir El blocao no me propuse ningún fin proselitista: quise convertir en materia de arte mis recuerdos de la campaña marroquí. Yo no tengo la culpa de que haya sido tan brutal, tan áspero o tan gris”.

Es una “Novela de la guerra marroquí”, pero no narra combates. Intenta recoger el ambiente, a través de pequeños episodios que cubren los aspectos más significativos de la vida del soldado durante la campaña de Marruecos: Tetuán, los campamentos, los convoys, los blocaos. No había acciones heroicas en aquella guerra, sólo tedio y frustración.

En El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, un barco avanzaba río arriba en la selva, en un camino de regreso a la barbarie. Aquí no hay movimiento. Los blocaos y los campamentos permanecen estáticos, varados en un mar de tierra seca, mientras el hastío erosiona la capa civilizadora que recubre a los hombres para sacar a la superficie instintos brutales. Al igual que El corazón de las tinieblas, El blocao es una narración intensa e hipnótica.

Resulta difícil decidir si esta obra es una novela o un libro de relatos. Está conformada por siete episodios unidos por la atmósfera y la voz del narrador, y su autor la consideraba una novela, pero cada uno de esos episodios puede leerse por separado. De hecho, Martínez Cachero escogió el primero, que da título al conjunto, para su Antología del cuento español (1900-1939), y José María Merino incluyó el sexto en Cien años de cuentos (1898-1998).

La obra fue editada íntegra por Viamonte en 1998. Hay también una edición digitalizada junto al resto de la prosa de Díaz-Fernández, disponible en Cervantes Virtual.

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Categoría: Novela, Relatos
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Me dijo un amigo:

-Últimamente no acierto. Todo lo que leo me desencanta.

Me pidió que recomendara en este blog alguna lectura o Carver Retazos de vida, relatos de Carver autor. 

Ya me había arrimado a la orilla de Raymond Carver, aunque sólo me mojé los pies con sus letras. Hará un año. Fue por casualidad, por una especie de suerte de intertexto. Trabajaba en el análisis de un relato de Chéjov y descubrí que Carver había escrito “Tres rosas amarillas” inspirándose en los últimos días de la vida del gran maestro ruso del cuento. Fue el primer relato que leí del que fue denominado el Chéjov norteamericano. El próximo verano  se cumplirán  veinte años de su muerte.

Toda la obra literaria de Carver se compone de pequeños fragmentos de realidad. De personas en diálogos, dejando pasar el tiempo, bebiendo, amando, sufriendo, agonizando, disfrutando. En fin, viviendo. Pero su realismo no consistía en fotografiar momentos, sino en mirar el envés de las fotografías, lo que hay escrito en ellas, por detrás, escondiéndose en los latidos de la cruda cotidianeidad. Disponía a los personajes y dejaba que emanaran de ellos las emociones. Y fluían con efectiva simpleza.

De Carver hay que elogiar su empaque para no someterse a las modas, a los designios de la literatura impuesta por los grandes cuentistas teorizadores. Para él la circularidad del cuento o el final cerrado no entrañaban misterios, ni si quiera la necesidad que se le presupuso durante siglos. Leer un cuento de Carver es como degustar un buen vino y que no te digan de qué cosecha es, simplemente te deja disfrutando el sabor en el paladar y mantiene el secreto, te permite imaginar un desenlace, pesquisar sobre el futuro, jugar a crear un final propio. O nada de lo anterior. Cuando alcanzas el punto y final, sientes que todo está perfectamente cosido, sin hechuras, sin pespuntes inacabados, a pesar de ofrecer finales abiertos como el océano, con tantas posibles conclusiones como corrientes con sus respectivas e interminables temperaturas oscilando. Asomarse a un cuento de Carver, sirva la comparación, es cotillear en la intimidad de una vecina y que baje los visillos justo cuando va a despojarse del camisón, en los llantos de una pareja que sufre la permanencia del coma de su hijo, en la angustia del marido que no cuenta a su mujer que ha hallado un cadáver junto al río… Es una ficción real, un realismo extraído de la más profunda crudeza, tal y como es la realidad, que llena las páginas de los periódicos, las conversaciones en los bares, los libros de las estanterías.

 Es esa sensación de curiosidad y de plenitud simultánea la que sacia en sus cuentos, sacia a la vez que mantiene abierto el apetito para una nueva lectura, para internarnos como sucios voyeurs en el día a día de un nuevo Bob, de un Jack, o de una Lisa, cualquier nombre de vecino vale, cualquier entorno social, país o lengua, porque en sus historias la universalidad es el motor, perfectamente engrasado, que permite al argumento funcionar sin sobresaltos, con claridad, con un sonido nítido y ágil, como la propia vida. Porque en la vida no hay un punto final, excepto cuando la muerte nos da alcance, esa maldita cazadora que nos robó a uno de los más grandes contadores de historias de nuestro tiempo cuando mal disfrutaba de su medio siglo de existencia.

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Categoría: Ensayo, Escritores, Relatos
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horace walpole Sir Horace Walpole, forjador de sombras

Hoy se cumplen 290 años del nacimiento de Horace Walpole, el brillante aristócrata que con El castillo de Otranto (1764) inició la novela gótica.

El propio autor aclara cómo se originó esta novela fundacional: “Una mañana de comienzos del pasado mes de junio, me desperté de un sueño del que todo lo que puedo recordar es que me encontraba en un viejo castillo (…) y que, sobre la balaustrada superior de una gran escalinata, vi una gigantesca mano enguantada en hierro. Por la tarde me senté y empecé a escribir, sin saber lo que realmente quería contar. La obra fue creciendo en mis manos”.

Poco a poco surgieron los personajes (el tirano Manfredo, la encantadora Isabel, el joven Teodoro…) y la trama rebosante de giros dramáticos, con maldiciones, identidades que se revelan por sorpresa y apariciones espectrales. Todo ambientado en un espacio amenazador: ese castillo medieval del sueño de Walpole, escenario presente a lo largo de casi toda la novela.

Se podría decir que El castillo de Otranto es como una máquina de tortura medieval llena de poleas, engranajes y pinchos oxidados. Aunque no funcione y percibamos que pertenece a otra época, su visión nos produce una cierta inquietud. Así la novela, aun con sus defectos y flaquezas, logra generar en ocasiones una ineludible atmósfera ominosa.

Y, a pesar de lo que podría esperarse, su lectura proporciona entretenimiento. Puede que gracias a los exagerados giros en la trama y a un humor que le otorgan a veces un carácter que raya en lo autoparódico. Una autoparodia seguro que voluntaria, pues Walpole era consciente a la vez de las limitaciones y el potencial de su obra. Así declara en el prólogo a la segunda edición: “Pero [el autor,] si el nuevo camino que ha emprendido abre posibilidades para hombres de mayor talento, confesará con placer y modestia que era consciente de que la idea podía recibir mejores adornos que los que han ofrecido su imaginación o su manejo de las pasiones”.

Aun así, el mérito de Walpole es grande. Más que grande, enorme. Primero por haber plantado esta semilla que daría posteriormente frutos como El monje, de M. G. Lewis. Segundo, porque la creación de El castillo de Otranto constituye un acto de rebeldía heroico ante el panorama literario e intelectual del XVIII, dominado por el racionalismo y el neoclasicismo, que habían arrinconado a la imaginación y perseguido el gusto por lo sobrenatural en el arte.

Es la época de preceptores como Samuel Johnson, quien en 1750 escribe que la labor de la novela consiste en “provocar eventos naturales de forma factible, y mantener la curiosidad sin la ayuda de la maravilla: está por tanto excluida de los mecanismos y los recursos del romance heroico; y no puede emplear gigantes para arrebatar a una dama de los ritos nupciales, ni caballeros para traerla de vuelta: tampoco puede desorientar a sus personajes en desiertos ni hospedarlos en castillos imaginarios”.

Gigantes, damas raptadas, caballeros heroicos, castillos imaginarios… justo los elementos que utilizará Walpole en El castillo de Otranto. Además de espectros, misterios y maldiciones, claro.

Para facilitar la aceptación de su novela, Walpole empleó el subterfugio de publicarla bajo un nombre falso, como si fuera la traducción de un ejemplar italiano del siglo XVI encontrado en una vieja biblioteca. El engaño fue efectivo, la novela se convirtió en un éxito de público y la segunda edición apareció ya con su firma.

strawberry hill Sir Horace Walpole, forjador de sombrasA estas alturas, queda claro que Horace Walpole era un personaje tan inteligente como excéntrico. Hijo de sir Robert Walpole, primer ministro inglés entre 1721 y 1742, conde de Orford, tras viajar por Europa se hizo con un puesto parlamentario y llevo una vida siempre de acuerdo con lo que consideró oportuno. A partir de 1750 habitó Strawberry Hill, mansión que reformó hasta convertirla en una fantasía gótica a la medida de sus gustos.

Aparte de El castillo de Otranto, escribió cientos de páginas entre cartas, memorias, crítica, historia y estudios de arte, incluyendo una tragedia sobre el incesto, La madre misteriosa, y una serie de relatos breves llamados Cuentos jeroglíficos. No existe traducción al español de la obra teatral, pero sí del librito de cuentos, y a manos de Luís Alberto de Cuenca.

Walpole escribió estos cuentos con una técnica cercana a la escritura automática, dejando a la imaginación campar a sus anchas, sin que la razón intervenga más allá de la intención inicial de ambientar la acción en Oriente. El resultado son unos relatos rápidos, originales, con abundancia de elementos absurdos que a veces conducen a lo macabro, como en algunos dibujos de Edward Gorey. Para Luís Alberto de Cuenca, constituyen un antecedente del surrealismo francés, y parecería como si, al igual que la Alicia de Lewis Carroll, rindieran homenaje “a la imaginación turbulenta y anarquista de la infancia”.

En su edición de los Cuentos jeroglíficos, por cierto, se incluye un apéndice de 30 páginas sobre la novela gótica inglesa imprescindible para interesados en el género y seguidores de la literatura fantástica y terrorífica en general.

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sobre la escritura 1 Manual para tejedores de laberintossobre la escritura 2 Manual para tejedores de laberintos 

En los últimos meses, Ediciones y Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja ha publicado dos libros que pueden resultar de especial interés para futuros escritores, en particular para aquellos que admiren la obra de Bioy Casares y Borges. Bajo el título Sobre la escritura. Conversaciones en el taller literario se recogen varias conversaciones con estos dos inmortales contadores de historias. Tuvieron lugar en el taller literario de Félix della Paolera durante los años 80.

Son dos libros breves en extensión: 120 páginas el dedicado a Bioy, 155 el de Borges. Los editores respetaron la estructura dialogada de las conversaciones y su estilo coloquial, pero han reagrupado preguntas y respuestas por temas, lo cual a mi modo de ver es un acierto ya que facilita su consulta en posteriores lecturas. Al final de cada libro, se incluye además un índice onomástico de autores citados.

Los temas tratados son muy amplios, y similares en uno y otro libro (con la diferencia de que en el de Borges hay unas páginas dedicadas a la poesía). Ambos escritores departen sobre sus inicios literarios, sus influencias, sus obras favoritas, la génesis de álgunas narraciones… Se relata también alguna anécdota, tanto personal como ajena. Por ejemplo, Borges recuerda cómo, cuando dirigía una pequeña revista de Buenos Aires, publicó el primer cuento de un muchacho llamado Julio Cortázar. Entre otras cosas, Bioy evoca el día en el cual entre él y Borges crearon al apócrifo H. Bustos Domecq, recluídos por el invierno en una casa de campo mientras preparaban un folleto propagandístico sobre yogures. 

Sin embargo, como no podía ser menos en libros de estas carácterísticas, lo que prima son aspectos relacionados con la creación literaria. Desde custiones generales, como el papel de las emociones (siempre el origen de la escritura, afirma Borges) o la originalidad (no se encuentra buscándola, viene a decir Bioy), hasta cuestiones más concretas: por ejemplo, los dos coinciden en señalar que la mejor manera de iniciar un cuento es con una frase larga que envuelva al lector introduciéndolo ya en el mundo del relato; Bioy se muestra de acuerdo con el consejo de Vernon Lee acerca de narrar las escenas de acción con oraciones cortas; Borges resalta la importancia de hallar nombres verosímiles para los personajes…

Se dan bastantes consejos provechosos en estas páginas. Estos dos libros no defraudan las espectativas generadas. Se complementan bien y ambos son igualmente recomendables, pero si tuviese que decantarme por uno lo haría por el dedicado a Bioy Casares. Sobre todo, pensando en aquellas personas a las que les gusta escribir. Bioy proporciona más consejos prácticos, y, muy generoso, explica su esfuerzo por lograr un estilo natural, a la par que confiesa pequeños problemas con los que se ha encontrado en su actividad creativa. 

“¿Qué aconsejaría usted a quienes empiezan a escribir?”, le pregunta a Adolfo Bioy Casares uno de los asistentes al taller. “Que lean mucho, que traten de leer buenos libros, que no sufran en su amor propio por errores cometidos; que se alegren de corregirlos y de aprender”. Difícil encontrar un consejo más sincero y humilde.

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biblioteca ayacucho Biblioteca Ayacucho ofrece gratuitamente parte de sus libros 

A veces son pequeñas cosas las que nos alegran la vida, pequeños regalos inesperados. En este caso el regalo es bastante generoso y se lo debemos al venezolano Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que decidió digitalizar parte de los fondos de la editorial Biblioteca Ayacucho para ponerlos ahora a disposición de todo el mundo en Biblioteca Ayacucho Digital

A lo largo de los últimos 33 años Biblioteca Ayacucho ha publicado gran parte de los clásicos de la literatura hispanoamericana, y en ediciones de justificado prestigio. Mis profesores de literatura, por ejemplo, las reverenciaban, y yo he de decir que aprendí bastante con las que consulté. 

Desde ayer están disponibles en Internet unas 75 obras, incluyendo títulos de José Martí, Ruben Darío, Machado de Assis, Julio Herrea y Reissig, Horacio Quiroga y otros. La edición digitalizada reproduce de forma íntegra la original impresa, con su introducción crítica y sus notas.    

Aunque es un poco pronto para afirmarlo, parece que la iniciativa ha tenido buena acogida: según el presidente de la editorial, de algunas obras ya han sido descargados más ejemplares de los que ellos en su día editaron en papel. A ver si este éxito les hace volcarse con el proyecto, de momento piensan colgar en torno a 30 nuevos títulos antes de fin de año.  

- He conocido esta buena noticia gracias a la página de AnimaLibro.

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