Pacto con las sombras

loftur.jpg 

A veces el deseo es artero y se disfraza de amor. El joven Loftur anheló a Steinunn pensando que la quería, pero ahora el cariño de la campesina le resulta opresivo e incómodo. En el momento en que la dulce Disa, hija del obispo, regresa a Hólar tras un año de ausencia Loftur descubre que a quien siempre ha amado es a ella. El sentimiento es recíproco y juntos urden futuros de felicidad, pero cuando la desesperada Steinunn, que está embarazada, envenena las esperanzas de Loftur amenzandole con revelar la relación que han mantenido, este siente a la oscuridad tirando de sus ropajes de estudiante con más fuerza que nunca.

Porque Loftur persigue libros de sabiduría prohibida, busca plantas mágicas en la soledad del bosque y en algunas noches acerca su oído a los túmulos del cementerio para escuchar a los muertos. Aunque, después de todo, existe una pequeña posibilidad de que Loftur el Brujo no sea más que Loftur el Loco.   

Loftur pertenece al amplio elenco de personajes teatrales que hipotecan su alma al maligno (don Gil, Cipriano, Fausto…), pero ninguno de ellos es tan digno de piedad como el islandés. Al igual que sus predecesores, Jóhann Sigurjónsson se inspira en una leyenda popular para crear su obra teatral sobre el tema, pero mientras que Mira de Amescua, Calderón de la Barca, Christopher Marlowe y Goethe parten del maravilloso cristiano (con variables dosis de maravilloso pagano según el caso), Sigurjónsson, que escribe en 1915, camina por el sutil filo que separa a lo natural de lo sobrenatural y a la locura de la lucidez.  

Loftur el Brujo probablemente sea la última aportación original al ciclo de obras teatrales sobre pactos con el demonio, y, por encima de eso, se trata de una obra terrible y conmovedora.


Escribe un comentario