Oscar Wilde, un tipo vacilón

Oscar Wide

Resulta que un día los catedráticos de la universidad de Oxford quisieron poner a prueba a Oscar Wilde, del cual dudaban de su preparación. Por ello en un examen oral de griego decidieron darle a traducir precisamente a él el capítulo 27 de Los Hechos de los Apóstoles.

El fragmento tenía trampa, ya que en él están incluídos términos náuticos de verdadera dificultad que solo un erudito podría desentrañar a la primera en pleno examen.

Wilde ni corto ni perezoso, sin temor al fracaso ni a los nervios del examen, comenzó a traducir al inglés como si lo estuviera leyendo.

Tal fue la fluidez del escritor en la traducción, que los mismos catedráticos que estaban tratando de ponerle a prueba se vieron obligados a detenerle para poder alabarle y felicitarle por el espléndido ejercicio que estaba llevando a cabo.

Wilde, al que no debió de gustarle demasiado que primero quisieran ponerle a prueba y luego lo elogiaran como si nada quiso acallar las palabras de los catedráticos y para ello se sobró de la siguiente manera.

“Disculpen –les dijo- no me interrumpan. Quisiera seguir leyendo para ver en que acaba todo esto”.

Genio y figura hasta la sepultura…

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Foto – Awesome People

Fuente – Más Ducados


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