Oscar Wilde, inteligente e ingenioso

Oscar Wilde de joven

Muchos escritores están encantados de la vida de haberse conocido a sí mismos y no se molestan si quiere en ocultarlo. Eso le pasaba al genial Oscar Wilde para quien el hecho de que la persona con la que estaba manteniendo una conversación no le escuchase no significaba en absoluto un indicativo de que tuviera que parar o zanjar la conversación. Al contrario, a él le gustaba igual.

Esto fue lo que dijo al respecto en su día:

“No voy a dejar de hablarle sólo porque no me esté escuchando. Me gusta escucharme a mí mismo. Es uno de mis mayores placeres. A menudo mantengo largas conversaciones conmigo mismo, y soy tan inteligente que a veces no entiendo ni una palabra de lo que digo “.

Lo cierto es que debe de ser fácil que te guste escucharte a ti mismo cuando haces un uso de las palabras tan bondadoso como el del genial Wilde, que además de tener amor propio y mucha inteligencia demostró un gran sentido del humor y un gran ingenio con eso de “soy tan inteligente que a veces no entiendo una palabra de lo que digo”.

Más información – Carlos Barral, otro al que le gustaba escucharse

Foto – Nomesjoana


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