Olvido García Valdés gana el Premio Nacional de Poesía

olvido-garcia-valdes.jpgLa poeta asturiana sucede así a Caballero Bonald en el palmarés de este premio de amplia trayectoria, otorgado actualmente por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. El Premio Nacional de Poesía tiene como objetivo premiar a la mejor obra poética publicada por un autor español durante el año anterior a la convocatoria. En la actualidad cuenta con una dotación de 15000 euros. Desde 1922, cuando el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes lo creó con el nombre de Concurso Nacional de Literatura, han sido galardonados autores como Rafael Alberti, Gerardo Diego, Pere Gimferrer, Carlos Bousoño, Luís García Montero o José Hierro.    

Olvido García Valdés nació en la localidad asturiana de Santianes de Pravia hace 57 años. Es licenciada en Filología Románica por la Universidad de Oviedo y en Filosofía por la Universidad de Valladolid. En la actualidad dirige el Instituto Cervantes de Toulouse, es codirectora de la revista Los Infolios y participa en el consejo editor de Hablar/Falar de Poesia. Hasta el momento, ha publicado seis libros de poesía: El tercer jardín (1986), Exposición (1990) Ella, los pájaros (1994) Caza nocturna (1997), Del ojo al hueso (2001) e Y todos estábamos vivos (2006), que es la obra por la cual ha recibido el Premio Nacional. Antes, García Valdés había obtenido los premios Esquío de Poesía en Lengua Castellana, Ícaro de Literatura y Leonor de Poesía.

La escritora afirmó hoy estar “muy agradecida y muy emocionada por el premio”. Según explicó, en Y todos estábamos vivos se encuentra muy presente “la sensación de irrealidad que da a la vida la perspectiva de la muerte”, tratándose  de un libro “duro de lectura en algunos momentos, pero celebratorio al mismo tiempo”. Considera que su poesía está en general “muy apegada a la realidad”, a la vez que contiene “un componente de intensificación en la percepción que, a veces, tiene que ver con lo alucinatorio”.

Para Olvido García Valdés la poesía posee “algo de lugar de resistencia frente a la banalización, la prisa, esta manera de hablar que tenemos siempre, el desgaste de la lengua. La poesía supone otra forma de relacionarse con la lengua, con el mundo, y abre un espacio de intensidad de percepción que es lo que los lectores buscan”.

“La poesía tiene muchos más lectores de los que creemos o se dice”, asegura.

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