Obras maestras: La tumba de las luciérnagas

Hay películas de anime que son conocidas por el gran público, no necesariamente aficionado al manga y la animación japonesa, como son Akira, Ghost in the Shell o El viaje de Chihiro. Precisamente de los mismos responsables de esta última, el Studio Ghibli, es la obra de la que hablaremos hoy, una de las películas más bellas y tristes de la historia del anime: La tumba de las luciérnagas (Hotaru no haka), de 1988.

Dirigida por Isao Takahata, el número 2 de la productora si consideramos a Hayao Miyazaki su líder, adapta la novela breve del mismo título del escritor Akiyuki Nosaka, de 1967. Y nos cuenta la historia de Seita y Setsuko, un chico y su hermana pequeña que deben sobrevivir solos en el Japón de la II Guerra Mundial.

Hotaru no Haka

La tumba de las luciérnagas, como hemos dicho, es un film bellísimo, pero a la vez muy triste y duro. Decir que es conmovedor sería quedarse corto. Es una imprescindible no sólo del Studio Ghibli, ni del mundo del cine animado, sino de la cultura en general. Un terrible retrato de las penurias de la población civil japonesa durante una guerra en la que sus políticos la involucraron, que va más allá del manido tema de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Todo ello aderezado con la magnífica banda sonora de Michio Mamiya, que sustituía al compositor habitual de las películas de la productora, Joe Hisaishi. Tanto ésta como la ambientación consiguen meternos en una historia que nos tendrá pegados al sofá, con los ojos bien abiertos y muy probablemente llorosos. Que nadie se la pierda.


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