Marechal y su eterno venir viniendo…

Un autor que jamás dejó ni dejará de apasionarme es Leopoldo Marechal. Muchos deben de conocerlo, como muchos deben de ignorar de qué se trata.

Escritor argentino, nacido el 11 de Junio de 1900, y fallecido el 26 de Junio de 1970, fue uno de los más grandes escritores que esta nación nos ha dejado.

Una de sus más importantes obras fue “Adán Buenosayres”, su primera novela que comienza la trilogía que luego completaría con “El Banquete de Severo Arcángelo”, y “Megafón o la Guerra”. Aparte de escribir novelas, se dedicó mucho al teatro (con obras como “Don Juan” y “Antígona Vélez”), así como también se desarrolló como un gran poeta y cuentista.

No considero oportuno ahondar aquí en la biografía del autor, aunque sí en pequeños detalles que considero amenos para conocerlo mucho mejor, también en relación a un contexto histórico, y a un contexto de auge literario donde sus amistades eran muchos de “los más grandes”.

El escritor fue un muy importante seguidor del peronismo, durante su desarrollo, y posterior a éste, en Argentina. Por los conflictos políticos que ésta ideología planteó a lo largo de la historia, fue que las obras de Marechal quedaron en gran parte relegadas a un olvido forzado. “Adán Buenosayres” no fue muy reconocida en el momento de su publicación, en 1948, aunque sí, y por suerte, en autores posteriores del país.

Leopoldo nació en la ciudad de Buenos Aires, aunque viajó durante muchos veranos al interior con sus tíos, donde al llegar lo denominaban “buenosayres” por su procedencia. Esto fue lo que dio pie al nombre del protagonista de su libro, Adán, quien de alguna manera puede decirse que es él mismo, así como también es posible encontrar las maravillosas coincidencias de identidad en el círculo de amigos del protagonista, con los amigos de Marechal en la realidad: Xul Solar, Borges y Jacobo Fijman entre otros.

El alto grado de nacionalismo que la obra demuestra la convierte en uno de los pilares de la literatura argentina, junto con el “Martín Fierro”, “Don Segundo Sombra”, y “Facundo”.

Al respecto de su “Adán Buenosayres”, Leopoldo escribió: “Al escribir mi Adán Buenosayres no entendí salirme de la poesía. Desde muy temprano, y basándome en la Poética de Aristóteles, me pareció que todos los géneros literarios eran y deben ser géneros de la poesía, tanto en lo épico, lo dramático y lo lírico. Para mí, la clasificación aristotélica seguía vigente, y si el curso de los siglos había dado fin a ciertas especies literarias, no lo había hecho sin crear ‘sucedáneos’ de las mismas. Entonces fue cuando me pareció que la novela, género relativamente moderno, no podía ser otra cosa que el ‘sucedáneo legítimo’ de la antigua epopeya. Con tal intención escribí Adán Buenosayres y lo ajusté a las normas que Aristóteles ha dado al género épico.

En el libro se refleja la época de gran inmigración que el país vivió a principios de siglo, donde llegaban familias enteras provenientes de España, Italia, Francia y demás países europeos, en busca de trabajo, y escapando a la vez de las persecuciones políticas que en sus naciones sufrían. La promesa de riqueza con la que venían arrastrados al país no dejaba de ser promesa, y sus bolsillos se veían igual de vacíos que años antes, por lo que sobre poblaban ciertas zonas de la ciudad de Buenos Aires. Ésta clase de personajes es la que toma Marechal para desarrollar el contexto en el que Adán vive.

Lo interesante de la literatura de éste autor, y principalmente de la novela de la que hablo, es el intenso trabajo de citas, así como de ejercicio filosófico y metafísico con que los personajes se desenvuelven en sus relaciones. Más concreto, sobre esto, no podría no ser el amigo de Adán, el filósofo Samuel Tesler, un apócrifo personaje cuyos resultados como actor de infinidad de irrisorios hechos es siempre un motivo de increíbles carcajadas. Y a su vez, como en todo Ser que se preste de ser, valga la redundancia, no se puede ignorar un factor básico, inherente a todos nosotros, que es el amor. Y como Adán es también parte de nosotros, amó. Dedicándole a su amada notas constantes que cargaba junto a sí en su cuaderno de tapas azules que, hacia el final de la novela, se lo entrega encontrándose con cuestiones que superan hasta a la necesidad misma.

Y como todo el libro es un recorrido del mismo, aunque también de muchos otros, Marechal no pudo menos que darse el lujo de homenajear a Dante Alighieri, creando su propio infierno, o más bien, “el infierno de Schultze”, el amigo astrólogo de Adán. Por lo tanto, nos vemos arrastrados capítulo tras capítulo, por cada uno de los infiernos que componen el mayor, siendo cada uno de ellos una excelente parodia de una Buenos Aires condenada a las más deliciosas llamas del bajo mundo.

Esto no deja de ser un recorrido de algo ya conocido, o quizá un motivo de asombro para algunos (espero). Quizá una excusa para volver a leerlo, o para empezar a leerlo, ya que es no sólo parte de la historia literaria argentina, sino parte de las mejores letras de la historia.

Bibliografía de Leopoldo Marechal:

Poesía-
 “Aguiluchos”, 1922
 “Odas para el hombre y la mujer”, 1929
 “Laberinto de amor”, 1936
 “Cinco Poemas australes”, 1937
 “El Centauro”, 1940
 “Cantos a Sophía”, 1940
 “Canto de San Martín”, 1950
 “Heptamerón”, 1966
 “El poema de Robot”, 1966
Teatro-
 “Antígona Vélez”, 1950
 “Don Juan”, 1956

Novela-
 “Adán Buenosayres”, 1948
 “El banquete de Severo Arcángelo”, 1965
 “Megafón o la Guerra”, 1970

Links recomendados: http://www.elortiba.org/marechal.html ; www.marechal.org.ar


Un comentario

  1.   pc77 dijo

    Marechal y Borges eran amigos ?

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