Mafalda, la niña preguntona cumple 50 años

Monumento a Mafalda

Monumento dedicado a Mafalda en Buenos Aires

Si nos ponemos a pensar, pocos son los personajes literarios que hayan conseguido dar un salto a la iconografía popular. La silueta de Don Quijote, la gorra y la pipa atribuidas a Sherlock Holmes y… poco más. Son muy pocos los privilegiados. Y entre ellos encontramos a una niña que nació hace 50 años en Argentina: Mafalda.

A lo largo de 2014 se están sucediendo homenajes y exposiciones sobre este personaje en muchos países. Su autor, el artista gráfico argentino Quino, ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Hoy nos acercamos un poquito más a este simpático personaje.

La anécdota sobre su origen es bastante curioso ya que fue concebida para publicitar la marca de electrodomésticos “Mansfield” de la empresa Siam di Tella. La empresa quería que se creara unas historietas que aparecerían como publicidad encubierta en los medios impresos y puso como condiciones que siempre debía aparecer algún electrodoméstico y que los nombres de los personajes empezaran por la letra M.

Las historietas realizadas por Quino fueron ofrecidas por la agencia de publicidad que las encargó al diario Clarín, pero la estratagema publicitaria fue descubierta y finalmente no se publicó. Como la idea propuesta por Quino gustó, finalmente se encargó al artista que dibujara unas cuantas tiras para la revista Primera Plana, donde Mafalda apareció como tal el 29 de septiembre de 1964.

En palabras de su autor, Mafalda es “una niña que intenta resolver el dilema de quienes son los buenos y quienes los malos en este mundo“. Para los lectores que la adoramos, Mafalda es una niña de pelo negro, que usa vestidos, odia la sopa, adora a los Beatles y hace preguntas o comentarios que deja a los adultos de su alrededor sin réplica posible.

Habrá quien me cuestione por escribir sobre un personaje surgido de unas tiras cómicas, pero con las historias gráficas me pasa lo mismo que con el teatro, que aun siendo consciente de que tienen un lenguaje propio, no dejo de incluirlas dentro de la literatura. Cuando me he sumergido en estas historietas ha sido como leer microrrelatos de Monterroso o gregerías de Gómez de la Serna.

La historieta de Mafalda que más me gusta es esa en la que aparece ella subida en una silla para niños y grita: “¡Desde esta sillita hago un llamamiento a la paz mundial!“.

Simplemente maravillosa.


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