Los traductores y la revista taiwanesa de los mil idiomas

Chuck Norris

Mario Vargas Llosa no es uno de mis escritores de cabecera, pero he de reconocer que tiene una obra que me emocionó: Travesuras de la niña mala. El final me dejó una sensación triste, pero en mi memoria se quedó Ricardo, uno de los protagonistas.

¿Quién es Ricardo en la novela de Vargas Llosa? El chico enamorado de “la niña mala” cuyo mayor sueño es vivir en París y para ello se hace traductor. De esta manera, la novela se convierte en un involuntario homenaje a los protagonistas del post de hoy: los traductores.

Hoy he conocido una curiosa y novedosa iniciativa que el escritor y traductor singapurense Lee Yew Leong ha lanzada desde la capital de Taiwán, Taipei: una revista en la que conviven 57 idiomas.

La publicación se llama Asymptote y está dedicada a llevar y traer historias de un idioma a otro. En el próximo mes de abril la protagonista será la diáspora y su presencia en la literatura.

Aunque una traducción nunca podrá ser una réplica exacta del original, la traducción es en sí mismo un acto de creación. Así esta idea está detrás del nombre de la revista, Asymptote, es decir, asíntota, la línea de puntos en un gráfico que puede tender hacia pero nunca llagar a.

Conviene recordar entonces el discurso que la premio Nobel Herta Muller pronunció en 2012 en el que alababa el trabajo silencioso del traductor, pero sobre todo los filtros que cada lengua impone a la realidad.

Es del espacio entre las lenguas que emergen las imágenes. Cada oración supone una forma de mirar las cosas, un modo de ver particular forjado por los hablantes. Cada lengua ve el mundo de distinta manera, inventa todo su vocabulario desde una perspectiva única y lo teje en la red de su gramática de manera singular. Cada lengua tiene ojos diferentes dentro de las palabras.

La escritora rumano-alemana valora el arte de la traducción, cuya máxima debería ser visualizar la imagen precisa, o acaso el sentimiento, olerla, sentirla… y entonces sí, lidiar con las palabras.

Esta idea me hace recordar una exposición que vi en un museo de Berlín, en la cuál se podía ver en una sala una hilera de cartas: la artista había enviado una carta a la agencia de traducción de un país, había pedido que la tradujeran y después envió esa traducción a otra agencia de traducción y así sucesivamente. Se podía ver el original alemán al principio y la traducción al alemán después de haber pasado por decenas de traducciones al final.

Los interesados en el poco valorado arte y trabajo del traductor, no dejéis de visitar la revista Asymptote, una pequeña joya para los amantes de los idiomas y la literatura.


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