Los rechazos más célebres de la historia de la literatura VI (¿persevera y publicarás?)

 

 

Repasemos los nombres de algunos escritores célebres que en sus comienzos fueron rechazados por las editoriales, o dicho de otro modo, escritores que fueron rechazado pero que finalmente lograron publicar.

Mario Puzo, autor de la novela que dio origen a la célebre película El Padrino, fue rechazado por numerosas editoriales que no querían saber absolutamente nada con sus historias; hasta que Puzo, con 5 hijos a cargo y “un trabajo de mierda” se decidió a escribir en una novela banal que trataba el tema de la mafia italiana en Nueva York

John Grisham, escritor profesional y pulcro si los hay, verdadero productor de best sellers, fue rechazado repetidas veces antes de lograr el éxito del que hoy goza. Tanto así, que incluso la posibilidad de ser un jugador de béisbol profesional era más real para Grisham en ese entonces, que la de ser el rey del thriller jurídico que es hoy.

Bukowski, sin lugar a dudas, debe ser considerado el abanderado de los escritores rechazados; pero a este escritor hay que agregarle el toque singular de haber tenido que trabajar casi toda su vida por el salario mínimo (que se gastaba en alcohol). El desprecio y la ignorancia del mundo llevaron al autor de La senda del perdedor hasta los bordes mismo de lo marginal. Pero continuó escribiendo, publicó sus obras y hoy es una leyenda-ícono-mito de la literatura. (Cómo para mirar con otros ojos a los borrachos que pasan por nuestro lado).

A pesar que Graham Green escribía desde los 15 años y trabajaba como periodista en The Times, su primer novela Historia de una cobardía también fue rechazada. 

Antònio Lobo Antunes, con el tiempo llegó a publicar libros como Tratado de las pasiones del alma y El orden natural de las cosas, pero las editoriales también les cerraron las puertas en la cara muchas veces.

El mismísimo Faulkner se topó con un rechazo, al que el editor agregó la recomendación de que no mostrara su “confusa novela” a otros editores, pero el futuro premio Nobel siguió adelante.

Y la lista podría continuar, a tal punto, que deberíamos preguntarnos si lo que leemos no es sólo lo que ha logrado vencer el filtro de los editores? (Acaso los editores nos han privado de más libros que los incendios y los cuerpos de policía?) Será que lo que leemos es sólo a los escritores que a pesar de los rechazos tuvieron la fuerza, la voluntad, la obsesión por seguir escribiendo… y golpeando puertas… ?


15 comentarios

  1.   Esteban Sánchez dijo

    Os falta el Ulyses de James Joyce, que fue rechazado por la editorial que dirigía Virginia Woolf. Buen blog! saludos desde Concepción, Chile.

  2.   herik gay dijo

    émuito feiu

  3.   RIC dijo

    Esto ya no va a suceder gracias al Kindle

  4.   Mrina dijo

    Añade Valle-Inclán (teatro), añade Vallejo, Macedonio Fernández, Bécquer. Todos fueron rechazados en algún momento. Hay centenares.

  5.   aficionado dijo

    ¿y qué me decís de “La conjura de los necios”? Su autor se suicidó y no pudo ver publicada su novela, más tarde su madre se empeñó y lo logró (afortunadamente para todos).

  6.   Antonio Castro dijo

    Me temo que esa lista sería interminable.

  7.   clodovico dijo

    @aficionado: ¡sal de mi mente! xD

  8.   blade runner dijo

    “¿y qué me decís de “La conjura de los necios”? Su autor se suicidó y no pudo ver publicada su novela, más tarde su madre se empeñó y lo logró (afortunadamente para todos).”

    Me lo has quitado de la boca. Nadie aceptó a John Kennedy Toole, según la Wikipedia: “John Kennedy Toole jamás vio publicada su obra en vida. Al parecer, envió el original de la novela a varias editoriales, y todas la rechazaron. En una de ellas, la Simon and Schuster, parece que al principio se entusiasmaron por el libro, pero finalmente lo rehusaron aduciendo que era un libro que no trataba de nada en concreto. Poco tiempo después el autor decidió quitarse la vida.”

  9.   Nombre obligatoorio dijo

    @aficionado

    Iba a comentar sólo para decir lo mismo que has dicho. Sin duda el de Kennedy Toole es uno de los casos más flagrante de novela genial rechazada por editores.

  10. Nice One…………

  11.   Iñaki X dijo

    Esto pasa en todas las artes constantemente. Hasta que no logran sacar la cabeza un poco deambulan por el mar de la incomprension y la incultura. Menos mal que algunos son perseverantes para bien de todos.

  12.   Juan Nadie dijo

    El Gatopardo de Lampedusa

  13.   victor dijo

    La historia de Bukowski es mucho más enrevesada. Es cierto que en un principio le costó mucho ser publicado, pero llegó un momento en el que era su editor el que le pasaba esa pensión para que no tuviese que trabajar y siguiese escribiendo!
    Quizás en ese caso le debemos casi más al editor que al escritor.

  14.   sdfg dijo

    “Cien años de soledad” también fue rechazada por una editorial catalana,Seix Barral,pero no por Carlos Barral que no leyó el manussrito.André Gide, que trabajó de lector para Gallimard, devolvió “En busca del tiempo perdido “al editor con un comentario del que se arrepintió más tarde: “No puedo comprender que un señor pueda emplear treinta páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de encontrar el sueño”. En definitiva, la obra maestra de Marcel Proust le parecía un tostón con magdalena.
    Los editores que leyeron el original de Lolita, le recomendaron a Nabokov encerrarlo bajo siete llaves. Salvando las distancias del sexo tabú a la timorata política, lo mismo le pasó a Camilo José Cela con La familia de Pascual Duarte.
    “Dublineses”, de James Joyce, fue rechazado por 22 editoriales, o, más recientemente, acordándose de que a J. K. Rowling le rechazaron diez veces su primer manuscrito de Harry Potter .
    “El código Da Vinci”acabó en España en la joven Umbriel una vez que lo rechazaron todas las grandes. Una a una.
    Lampedusa se murió sin ver publicado El gatopardo.
    Hay infinidad de casos.

  15.   raul lilloy dijo

    Aceptar que el rechazo de un editor no es indicador de mala calidad literatira, tampoco supone lo contrario.
    Si me rechazan, hay que seguir escribiendo (cada vez mejor), no desarrollar un orgullo neurótico.

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