Los miedos de Nikolái Gógol

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Hoy os vamos a hablar de los últimos días del escritor ruso  Nikolái Gógol, el cual pasó la recta final de su vida empapado en los más incomprensibles miedos: Gógol temía ser enterrado vivo.

Tal era su obsesión con esta remota posibilidad que durante los últimos diez años que permaneció junto al resto de los humanos, no se atrevió a dormir acostado por miedo a que confundieran su profundo sueño con el adiós del literato y lo enterrasen.

Es más, para prevenirse, Gógol, habló con varios de sus amigos, parientes y allegados y les pidió una última voluntad: que esperasen a que su cuerpo presentase evidentes síntomas de descomposición que les permitiesen cerciorarse de que había fallecido para poder ser enterrado con la certeza de que no despertaría en el frío cajón debajo de la tierra.

Su final también fue muy extraño: cierto día quemó varios de sus manuscritos y posteriormente dijo que todo había sido una broma del diablo. Tras eso se dedicó a varias prácticas ascéticas que llevó a tal límite que le hicieron fallecer.

Y es que Gógol se pasó ni más ni menos que la friolera de 9 días sin probar alimento, lo que le llevó a un deplorable estado de salud que no le permitió seguir viviendo… y que obligó a sus parientes a esperar a que su cuerpo comenzase a pudrirse para poder enterrarlo tal y como él mismo les había suplicado en vida.

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