Los clásicos no son aburridos

libros decada 50

La conversación puede transcurrir de la siguiente manera:

Personaje A: ¿Has leído a Dan Brown?

Personaje B: No

Personaje A: ¿Y a Lucía Etxebarría?

Personaje B: No

Deducción a la que llega el personaje A: ¿Es que no te gusta leer?

Entonces, el personaje B replicará: Es que hay muchos libros, no sólo esos, por ejemplo, Fiodor Dostoievski.

En esta conversación, el personaje A pretextará  que los clásicos son aburridos, y entonces, el cerebro de B se ruborizará por el acto ignorante -claro y evidente- perpetrado por A.

Habrá que aclarar un par de cosas, y para eso, recurriremos a la mente lúcida de Italo Calvino, el escritor italiano autor de fábulas tan hechizantes como “El barón rampante”, quien se acomodaría frente a A, y de una forma didáctica, nada pedante, le expondría las siguientes verdades tan magnas como el Taj Mahal:

“Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”

Calvino recoge ésta,  y otras tantas definiciones, en un ensayo titulado “Por qué leer los clásicos”, un libro dedicado a guiar a los lectores por el enrevesado camino de las buenas lecturas en el que tanto crecen las zarzas y las malas hierbas.

Dejemos que Calvino diga Amén en esta entrada de hoy:

“Un clásico es un libro que  pasa delante de otros clásicos; pero quien haya leído antes los demás y luego lea ése, reconoce enseguida su lugar en la genealogía”


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