Lo que descubrí catalogando libros antiguos

Libros antiguos

Puedo afirmar sin temor a equivocarme, que la curiosidad por los libros antiguos es algo inherente a cualquier lector. No hace falta que sea un lector sesudo del Ulises de Joyce, un obseso de Rayuela de Cortázar o un buscararezas de obras difíciles de clasificar como Mercier y Camier de Beckett. El embrujo del libro antiguo afecta a todo tipo de lectores.

Durante los meses que estuve trabajando como catalogadora de libros antiguos, me di cuenta de muchas cosas y una de ellas es el gran desconocimiento que existe sobre nuestro legado bibliográfico y nuestro pasado librero y lector. Hoy quiero acercaros un poco al fascinante mundo del libro antiguo.

Para empezar los libros antiguos no están manuscritos. Cierto es que antes de la invención de la imprenta en el siglo XV los libros se escribían e ilustraban a mano, pero cuando hablamos del fondo antiguo de una biblioteca normalmente hablamos de los libros impresos entre 1501 y 1958, año en que se creó en España el depósito legal.

Todo lo demás, todo lo anterior, pueden ser libros manuscritos o incunables. ¿Qué son los incunables? Son los primeros libros que se imprimieron durante el siglo XV, los cuáles, por falta de portada y demás datos, resulta difícil establecer la fecha y el lugar de impresión.

Gracias a que la biblioteca que catalogué abarcaba cinco siglos, pude comprobar cómo la figura del impresor fue derivando poco a poco en la actual figura del editor.

También comprobé cómo con Felipe II eran necesarios numerosos permisos, censuras, aprobaciones, etc… Hasta el punto de que las páginas preliminares a una obra llegó a extenderse por más de 60 hojas. No era de extrañar en un rey que consideraba que “ya había demasiados libros“.

Supe también porqué una universidad lleva el nombre de Carlos III, y es que este rey quitó todas esos permisos civiles, eclesiásticos y permitió que se publicara sin censuras. El siglo XVIII es un auténtico festín de publicaciones raras y extravangantes como la inclasificable Crotalogía o Ciencia de las castañuelas, escrita por Juan Fernández de Rojas, publicada en 1792 y digitalizada en la Biblioteca Virtual Cervantes donde podéis verla si queréis.

Y estas son sólo algunas cosas curiosas que descubrí el año que trabajé catalogando fondo antiguo.


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