Lo amargo de ser mujer

Siempre rodeada de un halo de romanticismo y compromiso la escritora inglesa Virginia Woolf dejo huella en la literatura bretaña del siglo XIX, marcada por la muerte durante su adolescencia de sus padres, hermanastra y hermano tuvo que combinar en su vida el apego a su amargo pasado con las ansias e inquietud literaria que le llevaron a escribir diversas obras siendo las más conocidas: La señora Dalloway (1925), Al faro (1927) o Las olas (1931).

Para conocer bien el alto grado de madurez y la constancia de su estilo se hace indispensable Diario de una escritora, sucesión de fragmentos de su diario que recogió su marido Leonard Woolf, diario que realizó durante 28 años a razón de un cuadernillo por año.

En ellos se relatan momentos personales y profundas reflexiones en los que la desencantada Mrs Woolf analiza su obra y su parte espiritual donde primaban las dudas y el desánimo en yuxtaposición con esa honestidad y sinceridad que marcaron sus tramas.Nadie mejor que ella para analizar sus personajes,su ideología o las dificultades que una mujer atemporal a su época tenía para publicar a pesar de su buena posición. No falta tampoco la claridad en su palabra y la expresión de su caracter indeciso:

“Desesperación ante lo malo que es el libro, no alcanzo a comprender como fui capaz de escribir semejantes páginas y con tanta exitación; esto fue ayer: hoy vuelve a parecerme bueno. Escribo esta nota para advertir a otras Virginias que escriben otros libros que así es la cosa, ahora arriba, ahora abajo. Y sólo Dios sabe la verdad”.


Un comentario

  1.   FGT dijo

    Lunes, 18 de noviembre de 1935.
    Se me ha ocurrido que he llegado al más avanzado estadio de mi carrera de escritora. Veo que hay ¿cuatro? dimensiones: todas deben aparecer, en la vida humana (…) Es muy excitante avanzar así, a tientas. Nuevas combinaciones de la psicología y del cuerpo; parecido a pintar.

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