Huellas en la Luna

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La nostalgia es un motivo y un motor literario de primer orden, Muñoz Molina se sirve de (o se deja llevar por) ella en su hasta ahora última novela. La clave de El viento de la Luna es la añoranza por la infancia perdida y la primera familia.

Y en este caso es una nostalgia doble, porque la novela evoca un momento de la adolescencia del narrador en el cual la infancia es todavía un recuerdo reciente y añorado. Ahora se ve sometido a nuevas obligaciones y a nuevas incertidumbres, y se descubre ajeno al mundo rural que es el de su familia.

Es 1969 y la misión del Apolo XI a la Luna le sirve de poderosa fuente de evasión; siente además cómo la soledad sideral de los astronautas refleja la suya propia.

El ritmo de la novela, algo habitual en su autor, es el de una cámara lenta atenta a los detalles y que se detiene en pequeños saltos atrás en el tiempo. El viento de la Luna apenas posee hilo argumental, lo que más le interesa a Muñoz Molina es la desazón del protagonista y el ambiente de esa pequeña localidad de la España del franquismo.

En Mágina la vida se rige por los ciclos de la agricultura, la Iglesia es la única autoridad moral y educativa y las historias de la Guerra Civil todavía se recuerdan a media voz, vigilando que las ventanas de casa estén cerradas. Sin embargo, también Mágina está cambiando: los inventos modernos, como el televisor, comienzan a llegar, modificando las formas de ocio, y los curas empiezan a sentir amenazada su autoridad por las hazañas tecnológicas de la carrera espacial y la mudanza de los tiempos.

El ambiente está muy bien reflejado, pero lo más destacado de la novela es la relación del narrador con su padre. Por un lado está la incomprensión y decepción que este último siente hacia su hijo, no apto para continuar el trabajo en la huerta, único modo de vida que él entiende válido. Por otro, el sentimiento de culpa del narrador, que se da cuenta de que su camino no le llevará a cumplir las expectativas del progenitor pero que a la vez necesita sentirse valorado por él.

El mundo del protagonista no será el de su padre, y su narración es una manera de evocar aquella época, no sabemos exactamente desde donde ni cuando, pero muy lejos de allí, muchos años después. El tiempo pasa y los recuerdos quedan marcados como las pisadas de los astronautas del Apolo XI, eternas bajo el inexistente viento de una luna a la que no volverán nunca.  


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