“Hijos de Sirio”, de Rafael Rubio Sanz: el equilibrio entre la ficción y el rigor histórico.

libros decada 50


Sería entre nona y vísperas de un día a principios del verano de 1327, y aunque sobre la rasa del poniente se insinuaba la atardecida, todavía el sol de la alta meseta castellana batía con fuego el secarral, levantando olores a la rastrojera caliente. Una vieja cheposa de años y osteoporosis, pero suelta de piernas y greña, salta entre los surcos con una agilidad inesperada a juzgar por su edad y por el voluminoso hato que trasporta a sus espaldas. Rastrea los centenos buscando no sé qué miserias, mientras murmura en un idioma extraño y gutural una monótona salmodia, mezcla de oración o sortilegio, con la que pretende estimular la fertilidad de la tierra. Como perro de presa se detiene frente a una huella. Recoge una muestra de tierra, la desmenuza entre sus palmas, la olisquea y finalmente, convencida de haber encontrado lo que busca, alza al cielo sus ojos de un intenso y juvenil azul y abre su mano mostrándole su contenido. Tras unos segundos de concentración, ahora en un castellano comprensible, invoca a una potencia divina, reclamando su protección contra el Gran Negro que maldice la promesa de la cosecha. Saca del hato un envoltorio del que obtiene una arenisca blanca con la que espolvorea el lugar, y dirigiéndose de nuevo al cielo, exclama:

-¡Hasta cuándo, Madre, hasta cuándo tengo que esperar! 

Así es el arranque de la novela de Rafael Rubio Sanz,Hijos de Sirio“, ganadora del II Premio Novelia. De nuevo una novela histórica en el escaparate editorial, aunque, en esta ocasión, con una particularidad: la Castilla del siglo XIV que aquí se nos presenta, convulsa por las luchas nobiliarias, combina los a veces mal avenidos elementos de ficción y rigor históricos. Los Hijos de Sirio son una secta que desata un rito infernal en el que se verá envuelto un joven médico, Alonso Jurado. Una lucha que no sólo pondrá en peligro su propia vida, sino la de su amada Isabel Castejón.

Una novela que, por su parte, constituye un auténtico viaje iniciático, que acaba en la ciudad de Tarifa con un sorprendente final, en el que se libra una doble batalla: la humana (la del Salado) y la de las fuerzas sobrenaturales (la luz contra la oscuridad).

Una historia, en definitiva, que nos sumerge en la Historia para llevarnos por la Castilla mística y mágica de una monstruosa serpiente que aterroriza a los caminantes, un monje enloquecido que va pregonando el Apocalipsis y un rito que proporcionará al antagonista, el juez don Vela, amo y señor de Soria, la inmortalidad.


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