Hemingway y los indesebles cortarrollos del bar

Ernest Hemingway escribiendo a máquina

Cuando uno está escribiendo y parece haber encontrado el punto exacto de la inspiración… lo que menos desea es que alguien se le acerque para interrumpir tan elevado estado mental.

Especial rabia da si uno ha sido capaz de abstraerse del ruidoso espacio que se desarrolla a su alrededor poco antes del que el pesado de turno intente iniciar interacción alguna.

Esto reventaba especialmente a Ernest Hemingway que escribía en el bar, en donde lograba concentrarse e inspirarse… hasta que algún desalmado preguntaba lo evidente y ponía fin al tan buscado momento.

Así lo contó en su día el propio escritor:

“Entonces oías a alguien decir: <<Hola, Hem, ¿Qué haces? ¿Escribes en el café?>>. La fortuna te había abandonado y cerrabas el cuaderno, era lo peor que podía pasar”.

Y es que el punto exacto de inspiración/concentración/productividad (elijan ustedes palabra en función de su concepción literaria) es tan difícil de alcanzar y a veces tan escaso, que cuando uno está en él lo único que quiere es detener el tiempo y quedarse allí siendo un eterno morador del lugar mental en el que la escritura fluye sin pausa… hasta que alguien viene a cortar el rollo.

Más información – Delibes y lo que es trabajar

Foto – Joseph Pascale

Fuente – Escribir es un tic (Francesco Piccolo)


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