Harpo habla

harpo-habla.jpgAunque desde entonces haya visto muchas veces sus películas, a los Hermanos Marx no puedo evitar asociarlos con buena parte de mi infancia, la de las tardes catódicas en casa de mis abuelos, al calor de la vieja cocina de carbón y con una taza de Cola-Cao en las manos. ¿Recuerdan cuando sólo existían dos canales de televisión y uno de ellos dedicaba la tarde del sábado a programar clásicos del cine de aventuras, de la ciencia-ficción y del cine de piratas? Descubrir en la guía televisiva que iban a emitir una película de los Hermanos Marx era entonces una profecía de diversión asegurada.

Por eso toparse en una biblioteca con ¡Harpo habla!, las memorias de Harpo Marx, constituye una agradable sorpresa. Igual de agradable que resulta confirmar en la lectura del libro que el Harpo persona era tan buen tipo como daba a entender el Harpo personaje. Su autobiografía comienza precisamente con un intento por definirse en oposición a su creación artística. Resulta comprensible, pero no nos engaña, en el relato de su vida encontramos también al loco genial con grandes dosis de ternura y partidario del humor surrealista como forma de relación con el mundo.

La narración nos muestra el arco vital que va desde su infancia hasta su madurez como más o menos apacible (según Harpo “sólo se es joven para siempre”) padre de familia. Por el camino, nos lleva a través de la dura vida en el East Side de Nueva York, los inicios artísticos de su pintoresca familia, el éxito, su amistad con diversos músicos, escritores, actores, intelectuales…

De Harpo sorprende su vitalidad y que, en tan sólo una vida, le diera tiempo a hacer tantas cosas y conocer a personajes tan diversos:

“He sacado papeles secretos de Rusia clandestinamente. Me he pasado una tarde en el diván con Peggy Hopkins Joyce. He enseñado a toda una plantilla de gangsters a jugar al pincha-pellizca. He jugado al cróquet con Herbert Bayard Swope mientras él tenía al gobernador Al Smith esperándole al teléfono. He apostado con Nick el Griego, me he sentado en el suelo con Greta Garbo, he cambiado fintas de boxeo con Benny Leonard, he cabalgado con el príncipe de Gales, he jugado al ping-pong con George Gershwin. George Bernard Shaw me ha pedido consejo. Oscar Levant ha tocado conciertos privados para mí a un dólar la tirada. He jugado al golf con Ben Hogan y Sam Snead. He tomado el sol en la Riviera con Somerset Maugham y Elsa Maxwell. Me han echado del casino de Monte Carlo.”

¿Quieren saber cómo sucedió todo? Vayan a la sección de biografías de su biblioteca y busquen por la “M”. Harpo les espera, y tiene mucho que contar.


Un comentario

  1.   Félix dijo

    Me lo apunto. He leído otros de Groucho, pero esto, como dices, ¡es una sorpresa! Y aquí estoy yo para sorprenderme. Gracias por la reseña.

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