En compañía de monstruos

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Aunque a estas alturas sea ya un tópico (tanto autores de solapas como parte de los críticos coincidieron), no está de más repetir que en las novelas de Albert Sánchez Piñol se unen narrativa de aventuras y preocupaciones elevadas, afirmación que he visto a veces aplicada a obras de autores tan cultos como soporíferos que con una excusa histórica intentaban hacer pasar por caja a los clientes lectores. Pero en este caso la afirmación es completamente cierta y justa, las dos novelas que ha escrito por el momento este catalán se leen en cinemascope y con el corazón, la cabeza y el alma en un puño.

Albert Sánchez Piñol parece un novelista de otro tiempo, de una época lejana en la cual los escritores no tenían que escoger entre hacer literatura de género o hacer “literatura seria”, cuando un autor no recibía miradas condescendientes por introducir un monstruo en sus narraciones y lo primero que se le pedía a una novela era que la historia enganchase al lector.

Tanto en La piel fría como en Pandora en el Congo el lector queda cautivo desde las primeras páginas. Es mejor no desvelar su argumento, a quien no las haya leído sólo le contaré que en la primera un activista irlandés desencantado se autoexilia como oficial meteorológico a una solitaria isla del sur del Atlántico, la cual resultará asediada por criaturas marinas antropomorfas. En la segunda, una expedición explotadora se enfrenta en el Congo a una especie humanoide, avanzada y cruel, proveniente del subsuelo. La acción se ambienta en los dos casos durante la primera parte del siglo XX.

En ambas novelas juega un papel importante el monstruo, elemento temático muy sugerente, no en vano los monstruos han sido siempre reflejo de nuestros miedos, de nuestros deseos o de nuestros comportamientos más oscuros. La piel fría invita a reflexionar sobre la actitud del ser humano ante el enemigo. Pandora en el Congo pone al colonizador frente a la horma de su zapato, pero es una novela de estructura más compleja que la primera: un testigo cuenta su aventura a un novelista principiante, quien años después nos la relata a nosotros, y la peripecia de este último ocupa tanto espacio como la principal. Con este nuevo nivel aparecen cuestiones metaficcionales, como hasta qué punto el receptor de una historia participa en su creación o si en una narración tiene más importancia lo que se cuenta o cómo se cuenta.

Las dos novelas son ampliamente recomendables para todo aquel que busque libros con los que disfrutar leyendo, eso sí, me parece mejor leerlas en el orden que fueron escritas, primero La piel fría y después Pandora en el Congo.

Albert Sánchez Piñol es antropólogo africanista, antes de su primera novela había publicado un libro de cuentos (sin traducción al castellano), y un ensayo sobre dictadores africanos. Este verano tuve la suerte de asistir a una charla suya y resultó ser un auténtico animal escénico. Apoyándose en fragmentos de Omega Man y The Queen, intentó demostrar, con mucha gracia, que la estructura narrativa es independiente del género. Sospecho que nos convenció a todos.


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