El Truman de los cuentos

Después de Truman Capote, llegaron las versiones, las encarnaciones a la gran pantalla de su vida. Todas trasladando la imagen amanerada, homosexual y, a veces, ridícula del autor norteamericano.

También era parlanchín ante las cámaras de los platós de televisión, un panadero de los cuentos; le salían redondos, precisos y con un sabor estupendo. Quizás no son tan rutilantes como “A sangre fría”, o “Desayuno en Tiffanys”, pero vale la pena escanciar un par de tardes veraniegas con su volumen de cuentos completos de la editorial Anagrama.

Todos ellos, dicen más de la infancia del escritor que una lectura a su biografía o una sesión de cine ante cualquiera de las películas que creen tener capturada su esencia entre sus fotogramas.

Por cierto, yo me quedo con la de los veintitrés años; mirada hipnótica, oscura, y en Nueva Orleans.


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