El personaje: Black Jack

Hace unos meses hablamos de una de las mejores obras de Osamu Tezuka, el Dios del Manga. Se trata de Black Jack, el principal manga donde el maestro reflejó sus conocimientos médicos (que no ejerció) y denunció la podredumbre del sistema sanitario japonés. Hoy hablaremos de su protagonista (hay quien dice que el médico que a Tezuka le habría gustado ser), apodado Black Jack pero llamado en realidad, como sabremos avanzada la obra, Kuroo Hazama.

Black Jack es un médico que ejerce en la clandestinidad porque prefirió no sacarse la licencia médica al no estar de acuerdo con el sistema sanitario japonés, pero su impresionante talento hace que nunca le falten pacientes, que acuden a él a pesar de sus altísimos honorarios cuando sus raras enfermedades no pueden ser tratadas por nadie más.

A pesar de su mala uva y su aparente obsesión por el dinero, Black Jack tiene en realidad un gran corazón y cuando ve que sus pacientes lo merecen les acaba perdonando la factura del tratamiento. Su aspecto no contribuye a mejorar la percepción que se tiene de él, pero en realidad tiene un origen conmovedor: cuando era pequeño fue víctima de una explosión junto a su madre, y tuvieron que hacerle un injerto de piel de un amigo suyo que era medio africano. Como símbolo de respeto hacia él, decidió mantener esa nueva piel de dos colores, dividida por una característica cicatriz.

Ese contraste también simboliza la complejidad de carácter que hemos mencionado antes, en el que es probablemente el mejor personaje, o por lo menos el más profundo, de los que creó Tezuka en su corta pero prolífica vida. Es uno de esos casos en los que el protagonista de una obra es claramente nuestro personaje favorito, y en su caso, además, tiene su polo opuesto en la insoportable Pinoko, la niña que siempre le acompaña. Además, demuestra talento para la lucha cuando la ocasión lo requiere. ¿Se puede esperar más de lo que se podría llamar anti-héroe?


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