El Mercat de Sant Antoni, templo de los bibliófilos

Es difícil que haya un solo bibliófilo en Barcelona que no conozca lo que sucede cada domingo en el mercado de Sant Antoni. Es lugar semanal de reunión de aficionados a todo tipo de colecciones: desde cedés de música y vinilos, hasta monedas y sellos, pasando por carteles de películas de cine, postales, muestras de minerales, tebeos y cromos.

Son muchos los objetos de interés que se pueden encontrar aunque, sin duda, unos de los puestos más interesantes son los de libros viejos. En una parada, un método para aprender a leer del siglo XIX. En otra, un Manual de heráldica española escrito por Martín de Riquer a mediados de siglo. En la de más allá, un ejemplar de una biografía de un literato catalán, editado en la Barcelona republicana.

Libros en el mercado de Sant Antoni

Libros en el mercado de Sant Antoni.

El mercado de Sant Antoni es el centro del barrio al que dio nombre. Se trata de un edificio de Antoni Rovira i Trias acabado en 1882 y que destaca por la gran cúpula de hierro que preside su interior. Quién quiera verlo tal como se conserva actualmente deberá darse algo de prisa en acercarse a esta enseña del Eixample, pues está previsto que el año proximo empiece un proceso de refoma y durante algún tiempo, que puede alargarse hasta 2011, ni el mercado de alimentos y ropa que abre los días laborables ni los encantes del domingo van a estar en su localización habitual, sino en unas carpas que se instalarán en la cercana Ronda Sant Antoni.

El edificio del mercado de Sant Antoni, tras Rita y Tonet, <i>gigantes</i> que desfilan en la fiesta mayor del barrio.

El edificio del mercado de Sant Antoni, tras Rita y Tonet, gigantes que desfilan en la fiesta mayor del barrio.

El ambiente que se respira cada domingo en este templo de los coleccionistas y los bibliófilos es muy característico. El escritor catalán Robert Saladrigas lo reflejó muy acertadamente en un párrafo concreto de su novela Aquell gust agre de l’estel (Ese sabor agrio de la estrella):

En la Ronda siempre había gente. Las terrazas de las cervecerías llenas hasta la bandera. (…) El mercado de Sant Antoni. ¿Cómo era yo, cuando las mañanas de domingo venía a cambiar cromos, a comprar tebeos? Mi madre se quejaba: no quiero que traigas estas porquerías en casa. Y decía: Dios sabe por qué manos han pasado y si eran manos de enfermo, ¿me oyes?

(Traducción libre de: Aquell gust agre de l’estel. Robert Saladrigas. Editorial Selecta. 1977. Barcelona. Pág. 458.)

Aunque solo sea para vivir una sensación como la descrita aquí, una visita al mercado de Sant Antoni resulta casi obligatoria para cualquier amante de la literatura que tenga la oportunidad de pasear, una mañana de domingo, por las calles de l’Eixample.


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