El jefe de Carrere se lo tomaba con humor

Emilio-Carrere

Se dice que los literatos son personas con una percepción especial del tiempo, que muchas veces corre a su favor y no a favor de quienes les pagan en sus oficios alternativos. Digamos la gran mayoría de los escritores no destacan por ser personas puntuales.

Ese era el caso de Emilio Carrere, Poeta y periodista, al que fascinaba la escritura pero al que desagradaba el tener que llevar a cabo cualquier otro tipo de tarea más mundana y menos creativa.

Sin embargo, un problema familiar hizo que tuviera que ponerse manos a la obra para contribuir económicamente con los suyos y eso le llevó a aceptar un puesto como funcionario que consiguió gracias a la mediación de su padre que conocía a la persona exacta a la que debía hacer la recomendación.

Carrere no estaba demasiado entusiasmado con su nuevo quehacer y prueba de ello eran sus horas de llegada: jamás estaba en la oficina a tiempo de comenzar el trabajo con el resto de compañeros.

Al menos su jefe se lo tomaba con buen humor y se cuenta que la primera llamada de atención que le dio fue así de irónica:

-Mire usted, Carrere, con esa manía de retrasarse, va a llegar un momento en el que se presentará usted todos los días al día siguiente.

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