Recomendados de R.C: El Héroe 2

Con El Héroe 2, David Rubín pone punto y final a una de las mejores obras que se puedan encontrar hoy día en las estanterías de librerías y tiendas especializadas. No me he equivocado al no precisar y decir tebeo, cómic, novela gráfica o como queráis llamarlo. He dicho OBRA con la certeza de usar el término que pretendía poner. Y si a esa palabra le añadiera MAESTRA no creo que los lectores (los que hayan degustado cada una de las 568 páginas que suman ambos tomos) me fueran a tachar de exagerado.

Allá por junio de 2011 publicaba lo que me había parecido el primer tomo, haciendo un repaso a las anteriores publicaciones de Rubín (El circo del desaliento, La tetería del oso malayo o Cuaderno de tormentas) y contaba como para mi sorpresa, El Héroe tenía una interpretación más cercana (y respetuosa) a los cómics clásicos de superhéroes , que lo que la Marvel o la DC publica en estos días. El autor gallego ahonda en las propiedades que llevaron a autores como Jack Kirby a ser mitos a base de crear mitos, sobre todo con series como Thor, Los 4 Fantásticos, Los Eternos o El Cuarto Mundo. No en vano, el Rey Kirby es una de las influencias claras (solo hay que ver la primera página del primer tomo, con ese recuerdo ilustrado del propio Rubín leyendo un Capitán América de Kirby) que atesora Rubín para componer esta crónica, junto con los ya muy mencionados, aquí y en otras reseñas, Paul Pope, Frank Miller, David Mazucchelli o Max.

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No obstante, una de los posos que deja la lectura continuada (muy recomendable releerse El Héroe 1 antes de meterse con el segundo) es que la mayor de las tareas que Heracles debe superar, es la vida misma que lleva desde el principio hasta ese épico final en que se enfrenta a su mayor enemiga, Hera, aquella que lo tiene entre ceja y ceja desde su nacimiento. Creo que a fin de cuentas, uno de los mensajes que Rubín pretende mandar es ese, que incluso un Dios como Heracles debe cargar con los golpes que le da la vida, con las decisiones y los errores que lo llevan por un camino al que quizá estuviera predestinado de todas formas, humanizando su figura para que empaticemos tanto con él. Al final se trata de humanizar a un personaje mitólogico, convirtiéndolo en un hermano envidiado, un hijo incomprendido, un padre que no puede ejercer como tal, un esposo infiel, un amante casual y por encima de todo un hombre perdido en la mayor parte de su recorrido vital. Y no solo se circunscriben tales sentimientos tan humanos a la figura de Heracles, si no al el resto de los personajes, como Euristeo, Hera o Yolae, que sufren hasta el punto de consumirse por celos.

Pero al margen de lo bien planteada que está la historia y de lo magnífica que es la puesta en escena, la sensación que queda una vez que has acabado de leer la última página de este segundo tomo, es que el encargado de hacerlo se ha dejado la piel en ello. La energía vital que desprenden cada una de las escenas de acción, o el sentimiento que te embarga cuando el amor, la pasión o la tragedia sacuden la aparentemente idílica existencia del protagonista, dejan bien a las claras que esto no es un tebeo que vaya a ser una moda pasajera y caiga en el olvido con los años, e incluso si así fuera, lo importante es que para su creador no va a ser un tebeo más que vaya a engrosar la lista de sus trabajos hasta la fecha. Creo que si hasta ahora Rubín contaba con publicaciones más que interesantes, estos dos tomos que configuran una historia única y a la vez universal, son un punto y aparte en lo que veremos de aquí en adelante salir de su cabeza para ser parido por su mano. De hecho ya he visto algún mensaje en Facebook avisando de lo que viene y hay muchas ganas.


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