Derek Jacobi se apunta a la conspiración shakesperiana

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El pasado fin de semana, en un golpe de efecto maestro, el actor británico Derek Jacobi, que en la actualidad se encuentra representando I Am Shakespeare, le entregó al catedrático de inglés de la Universidad de Brunel una copia del manifiesto “Declaración de duda razonable”, firmado por él mismo y los miembros de la Shakespeare Autorship Coalition (SAC).

El escrito reaviva la polémica en torno a la autoría de las obras de William Shakespeare y la auténtica personalidad que se agazapa (o no) detrás de tal nombre. Como se sabe, la biografía conocida del genio de Stratford está llena de vacíos que tornan su figura enigmática, y, a lo largo de los años, algunos estudiosos han especulado con la posibilidad de que Francis Bacon, Christopher Marlowe o algún otro fuera el autor de las obras que se le atribuyen. “Declaración de duda razonable” recoge los argumentos que contradicen la teoría aceptada y los expone de una forma solapadamente beligerante y algo tramposa.

Su texto íntegro está disponible en la página web de la asociación. Después de leerlo, he de decir que, a pesar de ser yo un diletante del misterio, no me resulta simpática la iniciativa de la SAC.

Para empezar, está el hecho de que Sir Jacobi decida promocionar este asunto ahora, cuando participa en una obra cuyo tema principal es precisamente la identidad de William Shakespeare, con el subsiguiente provecho publicitario que saca a la polémica. Una publicidad efectiva, de hecho, la noticia ha sido recogida por los medios británicos, llegando incluso a nuestro país vía agencia EFE.

Pero lo que más me desagrada de la SAC es que en el fondo de su actitud hay bastante de elitismo. Parece molestar el hecho de que un pequeño comerciante de pueblo, sin estudios universitarios ni ascendencia aristocrática, con una vida privada anónima y hasta vulgar, pudiera ser el genial autor de Hamlet, La tempestad o Julio Cesar.

“Muchos de los de los conocimientos expuestos en sus trabajos eran provincia exclusiva de las clases altas, todavía no hay ningún registro que sitúe a Mr. Shakspere entre ellos por ningún periodo de tiempo”, dicen, por ejemplo, los autores del texto. “¿Porqué casi todas sus obras están ambientadas entre las clases altas? ¿Cómo pudo el autor aprender sobre sus maneras?”, se preguntan más adelante. Como si un modesto comerciante no pudiese comprar libros, y un autor de éxito no tuviera acceso a la alta sociedad ni supiera observar y documentarse.

Y claro, de entre todos los posibles candidatos a ser el auténtico William Shakespeare, Derek Jacobi se queda con Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford. Si yo tuviese que votar por alguno, lo haría por el espía Marlowe, autor dramático de genio y, por cierto, de origen tan poco aristocrático como el mismo Shakespeare.


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