Conozca África en quince días

Dicen desde la organización –y eso que el actual director es un hombre con marchamo cientifista, por algo proviene del CSIC- que es imposible cuantificar el número de pisadas que en estos días se marcan en el Paseo de Coches del Retiro. Que antaño había un técnico municipal del Ayuntamiento que se dedicaba a contar muy acertadamente a los viandantes que transitaban por estos días de Feria y compras como si de separar las lentejas con bicho de las limpias se tratase.
Como Sacristán, responsable de que todo vaya bien un año más sabemos que el Retiro es casa de más de dos puertas y es difícil guardar a los lectores –salvo que te apuntes a uno de esas propuestas de nueva hornada con misterios y fácil intriga histórica-. Pero ya ha comenzado la Feria y un año más volvemos a ver abarrotadas esas calles de la marcha libresca en que convierte por primavera Madrid en un afán de “groopies” literarios, los caza-autógrafos, encantados de tener unas palabras, por sin sentido que éstas tengas de Rosa Montero, Juan José Millás o Molina Foix, tras las largas horas de calor en este día de votos a los hados benéficos electorales.

Esta vez el señuelo es conocer África en 17 días, porque faltos de ideas o de centenarios o agotados los fastos por los cien de soledad de García Márquez, había que desleír la pesadez institucional con algo más liviano. ¡Craso error, toda vez que a ese público que frota sus élitros por las 344 casetas le gusta disertar por la arena de la verborrea acompañado de un incauto oyente, a veces amigo, sobre las novedades, anécdotas, efemérides y delicias culteranas! (O eso piensan ellos).

Con reduccionismos como el que ampara la Feria, lanzando a la turmix a la Mernisi y a avanzamos bien poco en el conocimiento de lo que se escribe en Angola o en Guinea Ecuatorial, porque es tal la baja intensidad de acercamiento a la producción literaria africana que a la salida del evento tendremos la misma idea que Leni Riefenstahl sobre los nuba, después de filmar sus cuerpos untados en grasa, porque al final es como si quisiésemos extractar la literatura europea contemporánea en una muestra de igual calibre, solo que en la tierra de las antiguas colonias. La iniciativa no es más que la reedición de un criterio neocolonial que agrupa a autores tan diversos como Naguib Mahfuz, Inongo Vi Makomè y J. M. Coetzee, por dar tres nombres, a los que podríamos añadir el de Gonçalo Tavares, verdadera revelación editorial de los últimos tiempos que se ha ganado las nada fáciles loas del Nobel Saramago que reconoce en él una nueva voz social que además, escribe. Y así, el tema de esta edición 2007 es verdaderamente un tiovivo como bien refleja el cartel de Pep Carrió, porque ¡a ver quién se atreve a hincarle el diente a la literatura del continente negro!


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