Código refinado

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A partir de Neuromante, obra fundacional del género, podríamos extraer unas características generales de la novela ‘ciberpunk’: temática en torno a las redes de información, la realidad virtual y los piratas informáticos; episodios de aventura desatada; escenarios urbanos futuristas pero degradados (los bajos fondos de un mañana no demasiado lejano); y componentes de novela negra, sobre todo en cuanto al protagonista, el narrador y la trama.

Ocho años después de la novela de William Gibson, Neal Stephenson, con Snow Crash, inyectó frescura al modelo original.

En términos globales, Stephenson me parece más imaginativo y mejor narrador que Gibson. Tal vez la innovación más gratificante consista en las buenas dosis de humor incorporadas, que nos evitan la solemnidad un poco acartonada de Neuromante. Aquí los personajes tienen vida propia y resultan cercanos, de esos que se te quedan en el recuerdo después de pasar la última página; y, en lo que respecta a la historia, lo veloz y mutable de lo tecnológico queda contrapesado con referencias a atemporales mitos sumerios que se acoplan a la novela sin fisuras.

El escenario, aun siendo en parte similar al de Neuromante, resulta más real. En Snow Crash la acción se sitúa en unos EE. UU. esperpénticos aunque creíbles donde la vida se ha convertido en un deporte de riesgo. El estado dejó de existir hace tiempo y las corporaciones se han repartido el país en pequeños trozos. No hay leyes; Narcolombia tiene sus franquicias abiertas en el corazón de Los Ángeles y La Mafia es una organización respetable. 

En este ambiente, Hiro Protagonist y sus amigos intentan descubrir los secretos de un virus informático, también droga destructiva, antes de que pueda ser utilizado por el terrorista aleutiano llamado Cuervo en una venganza personal de alcance planetario. Sus peripecias dan como resultado una novela divertida, de acción trepidante y ampliamente disfrutable. 


Un comentario

  1.   txe dijo

    bonito blog. volveré

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