Clásicos que leí tarde: ‘Alicia en el país de las maravillas’

Alicia en el país de las maravillas
La imagen que ilustra este post es una de las escenas más conocidas de la literatura universal: Alicia toma el té junto al Sombrerero y la Liebre de Marzo.

La obra es Alicia en el país de las maravillas y es, junto a El Quijote, una de las obras que más puebla el imaginario popular y más referencias tiene en el mundo de la cultura. Para mí, es un clásico de la literatura que he leído tarde.

La razón por la que he elegido escribir sobre esta obra no es sólo porque me la esté leyendo, sino porque mucha gente la asocia con la Navidad: niña, país maravilloso, fantasía, magia… No es un clásico navideño como los cuentos de Dickens, pero es una referencia de esta época.

Alicia en el país de las maravillas es un libro lleno de curiosidades. El más conocido es que es un auténtico tratado matemático. Su autor, Lewis Carroll, era un conocido matemático inglés cuyo nombre real era Charles Ludwing Dogson.

Hay quien ha visto en la obra una primera formulación de la Teoría de la Relatividad enunciada años después por Einstein precisamente en la escena con el Sombrerero cuando Alicia observa que el gran reloj del Sombrerero ‘dice el mes y no la hora‘. El Sombrerero reponde ‘¿Y por qué iba a hacerlo?’, ¿tu reloj marca el año en el que éstas?‘.

Esa conversación, en apariencia absurda, en realidad viene a decir que es tan válido un reloj que marque las horas como uno que marque los días, las semanas o los años. Todo depende de la escala temporal que usemos.

Otro de los enigmas del libro es el acertijo que se formula también en este capítulo en el que el Sombrerero le pregunta a Alicia ‘¿en qué se parece un cuervo a una mesa?’.

El acertijo no se resuelve en el libro y muchos fueron los que intentaron dar respuesta a la pregunta. Años después el propio autor desveló el misterio, resultando ser un ingenioso juego de palabras en inglés que pierde su sentido al ser traducido al español.

El capítulo del té está lleno de curiosidades, por algo es uno de los más conocidos y referenciados. Pero Alicia en el país de las maravillas es un clásico que se disfruta, con el que te ríes, pero que también te hace pensar y a ratos, incluso, te hace sentir incómodo.

Un clásico que, aunque tarde, es conveniente leerlo.


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