Cien años de soledad y dieciocho meses de mala suerte

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Cien años de soledad, la novela más famosa de Gabriel García Márquez y una de las obras más importantes de la literatura hispana, fue publicada en mayo de 1967 por la editorial porteña Sudamericana seguida de un enorme éxito a pesar de una tirada inicial de 8 mil ejemplares.

Sin embargo, lo que seguramente poco de vosotros sabréis, es la sucesión de infortunios a la que Gabo tuvo que enfrentarse durante los dieciocho meses previos en los que estuvo envuelto en la creación de Macondo.

Retrocedemos cien años de soledad y dieciocho meses de mala suerte para descubrir qué ocurrió en el proceso de creación de la novela.

El (mojado) historial de Cien años de soledad

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A pesar de que la primera aparición de Macondo tuvo lugar en 1954 mediante el cuento “Un día después del sábado” de Gabriel García Márquez, la novela insignia del premio Nobel comenzó a ser escrita a finales de 1965 en un cuarto en el que, según Gabo, “sólo estábamos mis dos dedos frente a las 28 letras del alfabeto”.

Muchos saben que el escritor concebía los errores mecanográficos como fallos de la creación en si misma, por lo que ante el mínimo fallo el escritor colombiano arrancaba la hoja y la desechaba, lo cual hizo aún más lento el proceso de creación de la novela.

Para mayor inri, Gabo cedió el borrador de Cien años de soledad a Esperanza Araiza, mecanógrafa famosa por pasar a limpio los manuscritos de diversos escritores de renombre. La joven inició su cometido salvo por el pequeño detalle de que un día, al bajar del autobús, se le escurrió el último borrador corregido por Gabo al resbalar a causa de la lluvia. Según le confesó ésta meses después la ayudante trató de secar hoja por hoja todo el contenido en su casa.

Pero eso no es todo, ya que por aquella época Gabo y su esposa, Mercedes, no pasaban por su mejor momento económico, de hecho no recibían ingresos por ninguna parte (y ahora es cuando recuerdo la convivencia del Coronel con su esposa en esa otra famosa novela del autor).

Durante aquel 1966, Gabo, quien residía junto a su esposa y sus dos hijos en México DF, tuvo que vender su coche, recibir favores de amigos y empeñar las joyas de Mercedes para conseguir sobrevivir en aquel cuchitril al que muchos llamaban La Cueva de la Mafia.

Tras finalizar la obra y ser rechazada por diversas editoriales de ambos lados del Atlántico, Gabo y Mercedes acudieron a la oficina de Correos para enviar el manuscrito de 594 cuartillas a doble espacio a la editorial Sudamericana de Buenos Aires. El envío costaba 87 pesos, y tras escarbar en el monedero de su esposa se percataron de que tan sólo tenían 53.

Fue entonces cuando decidieron dividir la obra en dos partes y enviar uno a Argentina pero, ¿adivináis qué pasó?

Sí, efectivamente enviaron la segunda parte, la que englobaba el majestuoso desenlace que da sentido a la obra.

Por suerte,  Francisco Porrúa,  director de la editorial, respondió a Gabo alegando que le había encantado la segunda parte y le pagaría el dinero necesario para facilitar el envío de la primera.

El resto es historia.

Cien años de soledad y dieciocho meses de mala suerte podría ser el título de una edición bizarra de la novela más famosa de Latinoamérica. Un ejemplo más de que la insistencia y, en ocasiones, la suerte, pueden contribuir al merecido éxito de un escritor o, como comentábamos hace unos días, de esos otros autores rechazados por una editorial antes de triunfar.

¿Qué anécdotas nos contarías sobre el proceso de creación de tus propias obras?

 


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Literatura

Alberto Piernas

Amante de la literatura exótica (de García Márquez a Carpentier, pasando por Arundhati Roy) y escritor de viajes y literatura. Como autor de ficción he publicado Cuentos de las tierras cálidas y relatos premiados en países como Japón y Perú.

Un comentario

  1.   Aníbal Escobar Mejía. dijo

    Soy el propio editor de mis libros, no hay otra opción.

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