César González Ruano y García Lorca: una amistad imposible

César González Ruano

Esto es lo que cuenta en un libro biográfico César González Ruano acerca de sus impresiones sobre Federico García Lorca y de la imposible amistad entre ambos que dio pie a una divertida anécdota como la que ahora os referimos, la cual si tiene ciertos tintes homófobos que obviamente condenamos, hay que entender en el contexto de dos escritores que pese a no ser amigos tenían cierta confianza como para poder intercambiar ese tipo de frases:

“A mí, Federico García Lorca no me acabó de ser nunca simpático como le fue a casi todo el mundo. Era como un chico de pueblo ordinario que se hubiera puesto un lazo de seda en el pelo y sentado frente a un piano a hacer gracias.

Federico era feo, agitanado y con cara ancha de palurdo. Vestía cursimente y presumía de ser gracioso, espiritual y mariquita del Sur. Sus versos ya eran naturalmente algo y quizá mucho, aunque sin embargo con ese cursileo histérico lleno de ayes, de limoneros, de fascinación por los hombres morenos y de incursiones en lo folclórico. A mí me pareció siempre un zangolotino para estudiantes de la F.U.E., aunque nunca negué su talento, y ahí están mis opiniones críticas a la vista de todos.

Estas cosas creo que son casi siempre recíprocas. Tres o cuatro veces intentamos, tan sin ningún entusiasmo, una relativa amistad que aquello quedó en nada. Nunca nos llamamos de tú, y un día que, coincidiendo con algunos amigos comunes, se habló de ir a casa de no sé quién para oír unas canciones al piano y que yo dije que no podía acompañarles, recuerdo que él, quizá creyéndolo una desconsideración, me dijo destempladamente y sin que viniera a cuento:

-Usted tendrá citada una de esas Mata-Haris que meriendan bocadillos de jamón…

-¡Hombre, Federico!… ¡Es que usted sólo conoce marineros que meriendan nardos!”

Más información – Anécdotas de escritores

Foto – ABC


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