Aquelarre espectral

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“La literatura española es esencialmente realista”, nos explica Menéndez Pelayo desde su tumba. “Todo escritor español lleva un realista dentro, y la cabra acaba tirando al monte”, se oye decir aún hoy a algún profesor universitario en sus clases de prosa del XX. Esta asociación indisoluble entre literatura española y realismo es ya un tópico tradicional en los críticos.

Y, sin embargo, la literatura fantástica española existe ahora y ha existido siempre. Relegada, infravalorada, marginada, repudiada, despreciada y olvidada, a pesar de que también la cultivaron ilustres de nuestra historia literaria, desde Cervantes a Galdós y la Pardo Bazán, desde el infante don Juan Manuel a Baroja y Valle Inclán. A pesar de la automutilación crítica de esta parte de nuestro patrimonio, la tradición fantástica española discurre firme a lo largo de los tiempos produciendo muestras de estimable personalidad.

Hay un amplio y reivindicable corpus de obras españolas de género fantástico, pero hoy sólo quería detenerme a comentar de forma muy breve El estudiante de Salamanca, de nuestro romántico Espronceda.

Cuento de terror en verso, está narrado con un brío que arrastra al lector a su fantasmagoría nocturna. Durante una noche espectral, desde las 12 al alba, seguimos a Félix de Montemar, seductor irreverente y blasfemo, por las calles de Salamanca. La visiones y los presagios del otro mundo se suceden (especialmente perturbador el pasaje donde el protagonista es testigo de su propio entierro) hasta llegar a un desenlace sepulcral y espectacular.

Este poema narrativo siempre me recordó vagamente a “El cuervo” de Poe. Es cierto que las dos composiciones poseen características muy distintas: para empezar, “El cuervo” es más breve y psicológico, en tanto que El estudiante de Salamanca es más extenso y efectista. Pero ambas comparten el tratamiento lírico del misterio y una ambientación fantasmagórica subyugante.

Da pena pensar que, mientras los norteamericanos han realizado varias adaptaciones cinematográficas y televisivas de “El cuervo”, en España sólo una vez nos acordamos de El estudiante de Salamanca para llevarlo a las pantallas.


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