0

Una visión inolvidable de la Guerra del Rif

meneame_share

tetuan Una visión inolvidable de la Guerra del Rif 

Leemos hoy el título de la primera novela de José Díaz-Fernández, El blocao (1928), y no lo entendemos. Blocao. El término casi se ha extinguido, como una llama a la que se le acaba el oxígeno. En los años 20 era, sin embargo, de uso común en los periódicos, junto a palabras más exóticas, como “cabila”, “jarca” o “mía”. En aquel tiempo no necesitaban explicación, pero ahora ya hemos olvidado su significado, igual que olvidamos la guerra que las convirtió en moneda de intercambio cotidiano.

Nuestra guerra colonial fue tan cruenta e injusta como cualquier otra, probablemente más absurda y pueril que ninguna. ¿Dónde quedaba ya la supuesta gloria nacional? ¿Qué sentido tenía intentar dominar un territorio hostil de escasa riqueza? La imprevisión y los movimientos tácticos imprudentes provocaron auténticas masacres. A pesar de los desastres, infectados por el virus de la demagogia patriótica, los generales y algunos políticos perseveraban tercamente, sin escuchar a una opinión pública cada vez más horrorizada. Era la sangre de los que no podían pagar la exención la que regaba la tierra seca, sus cadáveres los se pudrían al sol del Rif. Miles de hijos de campesinos y obreros no regresarían nunca.

José Díaz-Fernández estuvo en Tetuán, la ciudad indolente con los pies bañados por un charco de sangre, en los campamentos y en las estériles fortificaciones de Beni Arós, rumiando segundos con sabor a quinina y cloroformo. Periodista antes y después de ser llamado a filas e intelectual comprometido, como novelista supo unir técnicas narrativas vanguardistas con preocupaciones sociales. La grandeza de El blocao aparece porque técnica e ideología se subordinan a lo humano:

“Resultó un libro antibélico y civil, y me congratulo de ello, porque soy pacifista por convicción política, y adversario, por tanto, de todo régimen castrense. Pero al escribir El blocao no me propuse ningún fin proselitista: quise convertir en materia de arte mis recuerdos de la campaña marroquí. Yo no tengo la culpa de que haya sido tan brutal, tan áspero o tan gris”.

Es una “Novela de la guerra marroquí”, pero no narra combates. Intenta recoger el ambiente, a través de pequeños episodios que cubren los aspectos más significativos de la vida del soldado durante la campaña de Marruecos: Tetuán, los campamentos, los convoys, los blocaos. No había acciones heroicas en aquella guerra, sólo tedio y frustración.

En El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, un barco avanzaba río arriba en la selva, en un camino de regreso a la barbarie. Aquí no hay movimiento. Los blocaos y los campamentos permanecen estáticos, varados en un mar de tierra seca, mientras el hastío erosiona la capa civilizadora que recubre a los hombres para sacar a la superficie instintos brutales. Al igual que El corazón de las tinieblas, El blocao es una narración intensa e hipnótica.

Resulta difícil decidir si esta obra es una novela o un libro de relatos. Está conformada por siete episodios unidos por la atmósfera y la voz del narrador, y su autor la consideraba una novela, pero cada uno de esos episodios puede leerse por separado. De hecho, Martínez Cachero escogió el primero, que da título al conjunto, para su Antología del cuento español (1900-1939), y José María Merino incluyó el sexto en Cien años de cuentos (1898-1998).

La obra fue editada íntegra por Viamonte en 1998. Hay también una edición digitalizada junto al resto de la prosa de Díaz-Fernández, disponible en Cervantes Virtual.


meneame_share

Escribe un comentario