La muerte de Iván Ilich

Escrito por: Lynn

6 de Junio del 2007

 

Iván Ilich es juez. Un hombre de leyes de salario prominente, mujer y dos vástagos. ¿Se podría ser feliz con este conglomerado?

Seguramente. Hasta que la astuta muerte te viene a acechar a las puertas de tu casa y pone tu vida patas arriba. Primero, porque vas a morir, y en segundo lugar porque te has alimentado de un par de quimeras tontas que ahora se te atragantan como puñales en pleno esófago.

El autor ruso León Tolstoi  pone la prosa a este pobre hombre, al que una enfermedad centrifuga hasta la muerte, pues se lo lleva por mucho que Ilich se empeñe en resistir.

Ser consciente, en el ultimo momento, de la vida insulsa que has llevado…. Eso trastoca al personaje que es pasto de una enfermedad incurable, nada más terrible que la conciencia del derroche vital, saber que el camino emprendido fue un mal derrotero puesto que la mujer no te ama, sino que te aguanta, y que el trabajo es un simple escalón de arena que una fina lluvia puede quebrar.

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Comentarios

One Response to “La muerte de Iván Ilich”
  1. María De Bedout
    on Octubre 31st, 2007 11:37 pm

    En mi opinión, la muerte de Ivan Ilich va mucho más allá de una simple cercanía a la existencia terminal de un hombre, o a la muerte misma. Al final de la obra, Ilich se da cuenta de que ya no existe la muerte, al ser conciente de que todo lo que vivió fue un engano. Si no existió realmente una vida, al ser toda una mentira, tampoco existirá una muerte, y por ende el fín es la única luz verdadera que encuentra en su decenso por el mundo de la hipocresía.Al morir, Iván Ilich realizo su inexistencia, siendo el único y verdadero acto de su vida. Al acercarse a la muerte, el personaje se alejaba más de la opurtunidad que al azar se le había dado con una vida. Entre más cumplía sus superficiales expectativas, más se alejaba de la verdad misma.

    Un anti-heroe que, dando u fuerte golpe, nos demuestra la manera en la que no se debe vivir.

    “Me deslizaba cuesta abajo y me imaginaba que iba cuesta arríba (…) En la medida en que, en opinión de la gente, iba en ascenso, la vida se escapaba bajo mis pies… Y ahora estoy listo, puedo morirme!

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