Los clásicos no son aburridos
Escrito por: Lynn
30 de Mayo del 2007

La conversación puede transcurrir de la siguiente manera:
Personaje A: ¿Has leído a Dan Brown?
Personaje B: No
Personaje A: ¿Y a Lucía Etxebarría?
Personaje B: No
Deducción a la que llega el personaje A: ¿Es que no te gusta leer?
Entonces, el personaje B replicará: Es que hay muchos libros, no sólo esos, por ejemplo, Fiodor Dostoievski.
En esta conversación, el personaje A pretextará que los clásicos son aburridos, y entonces, el cerebro de B se ruborizará por el acto ignorante -claro y evidente- perpetrado por A.
Habrá que aclarar un par de cosas, y para eso, recurriremos a la mente lúcida de Italo Calvino, el escritor italiano autor de fábulas tan hechizantes como “El barón rampante”, quien se acomodaría frente a A, y de una forma didáctica, nada pedante, le expondría las siguientes verdades tan magnas como el Taj Mahal:
“Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”
Calvino recoge ésta, y otras tantas definiciones, en un ensayo titulado “Por qué leer los clásicos”, un libro dedicado a guiar a los lectores por el enrevesado camino de las buenas lecturas en el que tanto crecen las zarzas y las malas hierbas.
Dejemos que Calvino diga Amén en esta entrada de hoy:
“Un clásico es un libro que pasa delante de otros clásicos; pero quien haya leído antes los demás y luego lea ése, reconoce enseguida su lugar en la genealogía”




